EL arma infalible que los Estados Unidos lamentablemente no usan contra el Régimen de los Castro.

 

Por nuevodebatecuba

Las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba constituyen una temática que ha dado lugar a las más encarnizadas discordias durante generaciones. Es, sin dudas, un conflicto que ha cobrado en la región latinoamericana matices de “telenovela”, dado el curioso enfrentamiento en versión moderna de la trama bíblica del gigante Goliat vs. el pequeño David. O visto desde otra analogía, como se diría en la Isla menos ‘metatrancosa’, se ha tratado de un peculiar ring de boxeo de peso pesado contra peso mosca, con acalorados seguidores en ambas esquinas, pero sin el tan deseado knock out a la vista.
Huelga decir que, -tanto en el escenario internacional como en los propios Estados Unidos, y por supuesto especialmente dentro de la mismísima Cuba- más de un politólogo, economista, periodista, y hasta más de un consumado académico, ha hecho del «oportuno tópico una oportunista carrera”.
Sin embargo, aunque los partidarios de ambos sistemas -el capitalista y el socialista- proclamen a puro grito lo contario: ninguno suele prestar atentos oídos a quienes tienen una visión “de primerísima mano” del conflicto; aquellos que tienen una mirada desprovista de ambiciones políticas, y por ello provista de singulares soluciones mucho más eficaces por auténticas y sinceras: la visión de los cubanitos de a pie.
Tal es el caso, como he expresado anteriormente en otros textos, de mi amiga cubana Bárbara de la Caridad, quien a pesar de sus bien maduros y apetitosos 46 años sigue siendo: Barbarita, la mulatísima del barrio. Resulta que Barbarita, como ama de casa y cuentapropista cubana forjada en la sabiduría de la dura supervivencia cotidiana de la Isla, tiene una opinión del tema que dejaría literalmente ‘en cueros’ a los más reputados politólogos internacionales, esos que han dejado correr mucha tinta con hipótesis sobre los posibles escenarios para la solución de las complicadas relaciones bilaterales entre ambas naciones y a la crisis en términos de derechos humanos y democracia producida por el régimen de los Castro.

Tanto Barbarita como yo nos lanzábamos por segunda vez a un acalorado debate sobre la pertinencia o no del retroceso de la política de acercamiento entre Cuba y EE.UU iniciada con la administración de Obama, sobre todo por la presión que en la actualidad los políticos anticubanos como Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, Carlos Curbelo, Bob Menéndez y Ted Cruz ejercen sobre el presidente Donald Trump y su equipo de asesores.

“¡Vamos a empoderar al pueblo cubano y hacer que el régimen rinda cuentas!” había expresado en uno de sus famosos tuits Donald Trump camino hacia Miami, convirtiendo nuevamente el fortalecimiento del Embargo norteamericano a la Isla en uno de los ejes principales para el logro de esos objetivos. Ante lo cual Barbarita estallaba en un ataque de risa y en un sentimiento de lo que ella llama “sincera y profunda lástima” por “el inocente de Trump” y ese “puñado de políticos cubanoamericanos idiotas” con “muy nobles objetivos pero las mismas estrategias estúpidas para lograrlos”- me decía.
– No lo lograron así en los 60, tampoco en los 90’ y segurito que tampoco lo conseguirán por ese camino ahora- continuaba diciéndome- seguir ese mismo camino es una metía’ de pata sabrosa precisamente porque están tirando por la borda el arma más infalible que podría usar los Estados Unidos contra los Castro.
-¿El arma infalible?- le pregunto con franca curiosidad ante su inesperada ocurrencia.

– ¿Ah, pero no lo sabes? Pues está claritica como el agua, y lo saben todos los cubanos de La Habana de aquí y de La Habana de allá, y todo el que tenga dos deo’s de frente y todos los orishas y santos de la corte celestial. El arma infalible contra los Castro, abre bien tus entendederas -me dice- es nada menos que: La Pacotilla.
Y ante su melodramática revelación es imposible evitar reír y recordar por qué esta mulata le hace honor a los clichés internacionales que han hecho de los cubanos un caso único en el mundo por su modo abiertamente descarado y confianzudo para relacionarse con visitantes y compatriotas, y en especial, por ese afiladísimo sentido del humor que desmonta cualquier inútil solemnidad.

– Los cubanos -continúa explicando Barbarita su singular teoría- estamos acostumbrao’s a las carencias producto del Bloqueo y de los años de la cuestionable administración de los Castro con sus famositos propósitos, casi diríase más “cristianos que comunistas”, de ayudar a los pobres diablos de otras naciones del mundo (cosa esa simpática -y hasta rara- en un gobierno orgullosamente ateo)… Entonces, nos hemos hecho especialistas “en inventarlas donde no las hay”. Por eso mismo, somos fieras cuando se trata de buscar y conseguir pacotilla pa’que la familia no sufra el desabastecimiento nacional… sobre todo si se trata de cosas que cumplan con las Cuatro Reglas de Oro de la Pacotilla.

– ¿Y cuáles son esas reglas de oro si se puede saber?- le pregunto y sonrío anticipando su respuesta.
– Pues nada menos que las cuatro “B” de oro: cosas que sean buenas, bonitas y baratas…y muy en especial cosas re-vendibles” para llevar unos fulitas extras a la casa, claro….- me explica y yo río con ella por su inusual última B. – Por eso, las mulas cubanas tenemos mapeados todo los mercados mayoristas y las zonas francas desde “el Río Bravo a la Patagonia”, y somos capaces de ir a la mismísima Rusia a traer pacotilla aunque se nos congele el trasero… – dice maliciosamente Barbarita – … O pregúntenle a las madres cubanas “que viven de un sueldo bajito” qué magia harían pa’que sus hijos vistan y calcen como Dios manda, y pa’que sus pollitos tengan la pacotilla tecnológica que hace falta hoy para poder estudiar. La educación y la salud gratuitas de los Castro tienen pa’ la economía familiar flaquita un costo colateral altísimo- dice con su carismático doble sentido.

– Por eso mismo mantener el Bloqueo o el Embargo como le dicen por allá, es una seria metía’ de pata. Los cubanitos de a pie, estamos acostumbrao’s a eso luego de más 5 décadas, y tenemos estrategias buenísimas y de éxito garantizao’ en mucha ‘calle’ jugándole cabeza al sistema estatal de los Castro. No necesitamos ayuda pa’que empoderen al pueblo de Cuba, pues hemos aprendido a lograrlo nosotros solitos, especialmente aprovechando los descontroles de “ciertos lugares” pa’desviarles, siempre que se pueda, los recursos a los organismos subvencionados por el Estado pa’que prosperen ‘con paso lento pero aplastante’ nuestros pequeños y medianos negocios privados. No nos preocupa ni un poquito que el consorcio político–militar GAESA controle, según dicen, más del 60 % de los sectores económicos rentables de la Isla como el turismo, pues ‘es facilito’ quitarle los clientes y las ganancias. Esas cadenas del Estado cubano no siempre pueden competir, y eso todo el mundo lo sabe, con la calidad del servicio que ofrecemos los cuentapropistas cubanos. – y añade con su sensual picardía: Creo que eso sólo le quita el sueño a los tiburones de la Calle 8 con palanca en Washington, a los que los militares cubanos no dejan pescar aquí… pero a los pequeños y medianos emprendedores cubanos aunque ‘nos jodan sabroso’ algunas regulaciones de los Castro a la larga nos convienen, pues “en un estanque con tiburones no prosperan los peces chiquitos”.

El punto de la cuestión, -continúa diciendo esta mulata con su singular sabiduría callejera- es que los cubanos estamos acostumbrao’s a las carencias, pero creo que no sabríamos qué hacer con “la abundancia”. A los cubanos no se nos entra con ‘cañonas’ ni con intentos “de meternos más el pie hasta el fondo” como quiere proponer otra vez Trump con eso de: “O cambian o no hay dinerito ni negocitos conmigo”. Esa estrategia es vieja en Cuba y ya no nos asusta, pues como dice el refrán “a falta de pan, casabe” y pa’eso está el dinerito de los turistas y empresarios rusos y chinos…y está la pacotilla latinoamericana y europea que cargamos… y la que manda la familia cubana emigrada o ‘de misión’ en el extranjero…-así me dice Barbarita mientras sus ojos se entrecierran saboreando un mundo de posibilidades prósperas para aquellos negocios privados que aún operan en la sombra y deben ser legalizados, y para “las entradas” como le llaman en Cuba a los ingresos no oficiales de divisas.

Y entonces continúa sabiéndose ganadora del debate:
-Trump y su equipito de asesores cubanoamericanos con la simple arma de permitir en lugar de prohibir Pacotilla, probablemente le darían ‘un durísimo trancazo en el mismo talón de Aquiles’ al régimen de los Castro: de un solo golpe le quitarían su excusa por excelencia, pues si bien “la culpa, la Bendita culpa, no la tiene nadie” como dice el grupo Buena Fe, en Cuba pasa todo lo contrario: ¡¡siempre, siempre la tiene el Bloqueo!! Fíjate si es así, que la culpa de que en Cuba no haya duralginas, es del Bloqueo y no de que “ciertas personas” las hayan mandado “de misión” a los pueblos hermanos- me dice con deliciosa ironía.

– A los cubanos se nos entra sabroso con cariño…eso era algo que el mulatón buenazo de Obama entendía…y te aseguro que la sonrisa sexy del presidente Obama y su discursito en La Habana le hicieron temblar las rodillas a más de un militante del Partido cubano, y segurito le dieron muchos dolores de cabeza a “ciertas personas”…En cambio, Trump no ha logrado eso sino más apoyo internacional para el gobierno acá, y más oportunidades de negocios para los rusos y chinos y lamentablemente menos para los negociantes norteamericanos, que sí saben que van a llegar tarde pa’comerse el pastel si siguen con esas tonterías. A los cubanos se nos entra sabroso con cariño, y por supuesto, con “el discurso del agradecimiento”, algo que aquí saben hacer muy bien…

…Si Trump permitiera la pacotilla en lugar de prohibirla, probablemente en Cuba algunos rojitos durarían “lo que un merengue en la puerta de un colegio”…, y aquellos que ya no son rojitos pero que están sabiamente calladitos, por eso de que “en boca cerrada no entran moscas”, seguramente saldrían rapidito del closet… Hay en Cuba una generación con oídos receptivos y ansiosa de desarrollo económico pero que quiere encontrar sus propios caminos, que no sean impuestos ni por los de aquí ni por los de allá.
En fin…-dice mirándome y poniendo conclusión a su sabia visión callejera sobre tan apasionante conflicto de la geopolítica internacional- te garantizo como que me llamo Bárbara de la Caridad, que La Pacotilla es el arma infalible y lamentablemente no la usan.

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