Victoria o derrota

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Por GLADYS CAÑIZARES

Desde que falleció Fidel Castro llevo días contemplando la euforia y gritos de felicidad, una pachanga cubana al estilo carnaval en la Calle Ocho. Un escenario festivo y frívolo ante casi seis décadas de muertos, separación familiar, carestías y sufrimiento.

¿Cómo puede llamarse victoria a la muerte de Fidel Castro si no pudieron vencerle en vida? ¿Acaso olvidaron la derrota de Playa Girón en 1961? ¿Cómo han olvidado que Estados Unidos cobardemente, al advertir el fracaso, les negó el apoyo militar y les abandonó para impedir que se descubriera su patrocinio a la invasión? ¿Por qué durante décadas los dirigentes de organizaciones en Miami han seguido colaborando y dependiendo del gobierno estadounidense para la democratización de Cuba?

Traigo a colación un párrafo de “La verdad sobre Estados Unidos” escrito por José Martí: “Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos”.

 Desde que el presidente electo Donald Trump apareció en el recinto de la Brigada 2506 para sumar votos de la comunidad cubanoamericana, el lugar se ha convertido en el punto de convergencia de ideas y planes. Un renacimiento insólito que lejos de unir a los cubanos, cada vez los separa más. El odio sigue imperando con la amenaza de que si Cuba rehúsa mejorar los acuerdos, los cubanoamericanos junto a los Estados Unidos terminaran los pactos logrados por el presidente Obama. ¿Será que no han aprendido la lección? Tal parece que no comprenden el concepto de soberanía nacional. Cuba es soberana porque la autoridad sobre su territorio reside en el pueblo y no precisamente en su gobierno, por tanto jamás una determinación foránea cambiará la historia de Cuba.

Estoy triste por el convencimiento de que hoy más que nunca los cubanos estamos separados y con carencia de ideales puros y consignas mediocres. Dijo José Martí: Debe hacerse en cada momento, lo que en cada momento es necesario. Perdonar es vencer. Quien piensa en sí, no ama a la patria.

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