Empresas estadounidenses inundan la Feria de La Habana

Empresas estadounidenses inundan la Feria de La Habana

LA HABANA – Es un espectáculo inusual en esta Isla comunista, a la que durante décadas se le prohibió la importación de la mayoría de los productos estadounidenses: un tractor de propiedad estadounidense, de fabricación estadounidense, listo para la venta.

El tractor de granja fue construido por Cleber LLC, de Alabama, y sus propietarios planean mostrar el modelo de color rojo en la Feria Internacional de La Habana a partir del lunes en las afueras de La Habana.

La feria anual será la primera desde que los Estados Unidos y Cuba anunciaran en diciembre que iban a restablecer relaciones diplomáticas después de un enfriamiento de 50 años, un cambio que abre oportunidades comerciales y que es el pistoletazo de salida de una oleada de empresas estadounidenses con la esperanza de obtener acceso a la Isla aislada durante tanto tiempo.

El tractor, que los propietarios llaman “Oggún” en homenaje a la deidad de la santería afrocubana relacionada con el trabajo del metal, también proporciona una valiosa lección a las empresas que aspiran a ser las primeras en su campo en entrar a Cuba.

En lugar de ofrecer simplemente la venta de tractores fabricados en Estados Unidos a los cubanos, Cleber propone trasladar la construcción desde Paint Rock, Alabama, a la Isla y usar trabajadores y materiales cubanos, en un plazo de cinco años.

“Para empezar, los cubanos han dicho que quieren inversiones en Cuba, no exportaciones a Cuba”, dijo Saúl Berenthal, de 71 años, quien co-fundó Cleber sólo semanas después del anuncio de diciembre. “Eso nos da una ventaja.”

La Feria de esta semana contará con decenas de empresas estadounidenses que exploran oportunidades de comercio, desde gigantes como Cargill y Caterpillar hasta empresas más pequeñas, como Cleber y Ninkasi Brewery Co., con sede en Oregón, que busca vender su cerveza a la Isla.

Los EE.UU. mantienen un embargo económico contra Cuba, un conjunto amplio de restricciones que sólo el Congreso puede cambiar. Pero desde la apertura de las relaciones con Cuba, el presidente Obama ha usado su autoridad ejecutiva para ampliar las pocas posibilidades comerciales que tiene el embargo.

Los departamentos del Tesoro y de Comercio han publicado regulaciones que expanden la capacidad de las empresas estadounidenses para vender alimentos y medicinas a Cuba, así como equipos para mejorar los sectores agrícola, médico, de la construcción y las industrias de telecomunicaciones en la Isla.

Eso ha atraído tanto interés que la Cámara de Comercio de Estados Unidos será anfitriona de la primera reunión de la junta de su Consejo Empresarial Estados Unidos-Cuba, cerca de la feria de esta semana.

Jodi Bond, vicepresidente de la Cámara de las Américas, ya hizo varios viajes a Cuba y se reunió con el presidente Raúl Castro y su personal. Bond dijo que la Isla todavía tiene por delante un largo camino para ponerse al día con los cambios regulatorios aprobados por la administración Obama.

Agregó que el sistema bancario de la Isla aún no está listo para la inversión americana a fondo, su sistema de doble moneda tiene que terminar, y sus leyes de inversión extranjera necesitan trabajo.

Mientras aguardan por esos cambios, las empresas estadounidenses tienen que aprender cómo acercarse al gobierno cubano si esperan firmar cualquier acuerdo. Así como Cleber se está centrando en proporcionar puestos de trabajo a los cubanos, Bond dijo que es importante que las empresas estadounidenses ofrezcan cosas como entrenamiento para la clase empresarial emergente de Cuba. Dijo que el 98% de la población es educada, pero pocos han recibido capacitación formal de negocios.

“¿Y quién hace el mejor trabajo empresarial en el mundo? Las empresas estadounidenses”, dijo Bond. “Así que tenemos una gran experiencia en cómo los empresarios pueden hacer crecer un negocio y así hacer avanzar a la Isla a un lugar de prosperidad.”

Parte de la promesa de la feria de esta semana es enseñar a los dueños de negocios americanos cómo trabajar con Cuba, a partir de algo tan simple como llegar allí.

Alex Procopio, un hombre de negocios con sede en San Diego, que ha vendido productos alimenticios a Cuba desde hace más de una década, dijo que había agrupado a ocho compañías estadounidenses para viajar con él a la feria. Después del trabajo para reservar vuelos y habitaciones de hotel a través de un complicado proceso en un país que no acepta tarjetas de crédito emitidas por Estados Unidos, siete empresas se echaron atrás.

“Cuba sigue siendo el fruto prohibido, sigue siendo esa Isla dura de conseguir”, dijo Procopio. “Eso es parte de su encanto.”

Scott Gilbert dijo que, para las empresas estadounidenses, la feria es también una oportunidad para reunirse con funcionarios del gobierno cubano.

Gilbert es el abogado que ayudó a negociar la liberación de contratista Alan Gross, liberado después de pasar cinco años en una prisión cubana, como parte del acuerdo del año pasado para comenzar a normalizar las relaciones con Cuba. Gilbert está asesorando a empresas sobre cómo tratar con los cubanos.

“Los estadounidenses que están acostumbrados a entrar en un país y mover las cosas muy rápidamente, están siendo bastante agresivos y están encontrando que eso no funciona bien”, dijo. “Tienes que entender su situación, entender la dinámica y tratar de trabajar dentro de ella para hacer lo mejor que puedas.”

Parte de ese proceso de aprendizaje es averiguar lo que los cubanos quieren.

Jim Moran, un ex congresista demócrata de Virginia, que ahora trabaja en una firma de abogados, recientemente visitó Cuba con un grupo de ex miembros del Congreso. Dijo que experimentó una “sensación tangible de expectativas y aspiraciones” de parte de la gente en La Habana, pero conoció cuán cautelosos siguen siendo los funcionarios del gobierno.

Desde que Raúl Castro sucedió como líder a su hermano Fidel, la Isla ha permitido a los cubanos comprar y vender sus casas y coches por primera vez, ha aprobado la venta de computadoras y teléfonos celulares a los ciudadanos y ha creado una clase de cerca de 500.000 empresarios privados que están aprendiendo a ejecutar sus propios negocios.

A pesar de esos cambios, Moran dijo que los estadounidenses no deberían esperar estar entrando en una cultura capitalista de libre movimiento.

“Ellos no quieren ser una economía satélite de los Estados Unidos”, dijo. “Son muy conscientes de las desigualdades aquí, cómo una pequeña fracción de la población es propietaria de la mayor parte de nuestra riqueza y gana la mayor parte de nuestros ingresos. Están frustrados con el comunismo … pero quieren que todo el mundo cuente, y no quieren la marginación de gran parte de su sociedad.

“Están buscando algo en el medio”, dijo Moran.

Foto de portada: Un prototipo del “Oggún” arribó a puerto cubano la semana pasada. (Tomada de The News and Observers)

Traducción de Progreso Semanal.

(Tomado de USA Today)

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