La religiosidad cubana está de fiesta (+Video)

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LA HABANA. Con 24 horas de diferencia, la religiosidad cubana se desborda.

Católicos y creyentes de las religiones sincréticas manifiestan sus devociones a dos patronas unidas por las aguas: el 7 de septiembre la Virgen de Regla, hospedada en la iglesia parroquial del habanero poblado del mismo nombre, recibe los honores de miles de creyentes que la pasean y desbordan las calles. Ella, toda de azul y de rostro negro, es Yemayá  en el panteón Yorubá.

Y el día 8, los festejos se visten de amarillo por el color del manto de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba -Oshún en el panteón yorubá-, cuya imagen fue encontrada en las aguas de la bahía de Nipe (oriente de Cuba) en 1612 por los conocidos como los tres Juanes, uno de ellos negro y los otros dos indios. La imagen original se encuentra en el santuario nacional de El Cobre, localidad cercana a la ciudad de Santiago de Cuba. En La Habana, la iglesia de la Caridad, ubicada en el populoso barrio de Centro Habana,  no da cabida a tantos fieles, sincréticos y católicos, que en esta fecha le rinden homenaje, agradecen o piden favores, encendiendo velas y plantado flores a los pies de su imagen.

Ambas vírgenes, sus colores y atributos benéficos, integran la clave, no solo de la religiosidad del cubano, sino que han devenido en ingredientes insoslayables de nuestra nacionalidad.

La Virgen de Regla sale a la calle otra vez

Por Eileen Sosin Martínez

Discretamente, Emilio sujetaba bien el saco lleno, y no se podía ver qué llevaba. Pedía permiso, se abría paso hasta el patio, donde no había nadie, y allí vaciaba el contenido. Eran las flores que la gente había ofrecido a la virgen, todavía coloridas y palpitantes, pero demasiadas en tan poco espacio. A medida que los devotos traían otras nuevas, las anteriores se alistaban —discretamente— para morir.

El 7 de septiembre, festejo de la Santa Patrona de Regla, el número de personas que llegan a la parroquia va aumentando con las horas. Hay más cartománticas, más turistas, más limosneros. “Mi niña, un pesito pa’ una promesa”. Los vendedores saben que hoy es su mejor día en el año. Estampas, fosforeras, llaveros… “A cinco la vela, a cinco la vela”.

Mientras el diácono rocía agua bendita a los congregados en la capilla, afuera se tiran las cartas y se hacen despojos. Por un lado se ofertan libros de Los santos guerreros, el Tratado de Shangó, la Doctrina espiritista; y por otro, elNuevo Testamento y Dios habla a sus hijos. Crucifijos y collares de santo. “Todo mezclado”, según el poeta.

Hay muchos recién nacidos y niños pequeños, y otros que todavía esperan dentro de la panza. En la religión yoruba, Yemayá, que sincretiza con la Virgen de Regla, representa la vida, el vientre, la fertilidad. Y el día 7 de cada mes en el santuario se bendice a las mujeres embarazadas, deseándoles un buen parto y que sus hijos nazcan sanos. Todo mezclado.

Las ofrendas deben ponerse frente a la efigie, por fuera del templo. Pero una muchacha se disculpa, por favor, que esa parte está muy llena, y no puede llegar con el coche y el bebé. “La iglesia se ha quedado chiquita para tanta devoción”, comenta el padre Roberto, “estamos como tres en un zapato”. Son “las causas del corazón” —dice una amiga—, pues la gente acude sin que la convoquen, o la convenzan, o se lo recuerden cien veces.

Juan Torrado, patrón de la lancha que cruza la bahía, asegura que él no tiene promesas de fe, tampoco pone velas ni flores. “No te voy a decir que no crea en algo, puedo creer, pero no soy fanático”. Aun así, reconoce que “este es un día especial”. Las estadísticas del transporte cuentan 90 almas en cada embarcación, con tres en servicio, durante 8 horas; y en los momentos de más tráfico funciona un cuarto ferry, como refuerzo.

Regla tiene su propio tempo, su existir particular en sí, diferente al de La Habana; porque para los locales La Habana está del otro lado. La virgen marinera es rectora del agua, y aquí —ya se sabe—, la tenemos por todas partes. Entonces sería algo así como la madre misma de la insularidad.

Una mujer recoge polvo de la calle y se lo lleva en el puño cerrado. Aquel florero se ufana de que hoy ha hecho mil 500 pesos y nada más dan las cuatro. La vieja de al lado le exige que no tome más cerveza, “que hoy no es día pa’ eso”. Dicen que por ahí andan algunos inspectores, aunque ninguno se atreve a “tirarse”.

El cielo sigue gris, dicen que todos los años llueve. Ahora llueve, y escampa enseguida.

Foto: Carlos Ernesto Escalona Martí (Kako).

Después de misa, con el atardecer, sale la procesión. Se le abre camino a la virgen entre el mar de fieles. A ellos se pide no tocar el manto, no tirarle flores ni monedas. Es la misma que secuestraron los combatientes clandestinos en 1958, y podría dañarse. “Quién mejor para cuidar a nuestra madre que nosotros, sus propios hijos”, claman los altavoces.

Va en andas hasta la orilla, donde las olas mecen las frutas y otras obras consagradas a Yemayá. Repican los aplausos y las campanas. Son dos celebraciones en una, o una con dos nombres diferentes, pero sinónimos. Todo mezclado.

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