La Virgen mambisa de todos los cubanos (+Video)

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Para ofrendar a nuestra Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, en un día como este, de comunión, Progreso Semanal ha preparado un especial que inicia con las notas de Don Fernando Ortiz sobre “La Virgen Mambisa”, extraídas de su libro La Virgen de la Caridad del Cobre. Historia y etnografía, una compilación de textos que se mantuvieron inéditos hasta 2008 en que vio la luz este volumen. Ortiz que de tantas maneras ha contribuido a devolvernos una imagen aclarada de nuestra cultura y de las raíces de nuestro pueblo, aborda en estas líneas la cubanización de esta virgen y sus vínculos con la intensa vocación independentista en nuestra historia.

La Virgen mambisa (1)

Por Fernando Ortiz

Andando los siglos, la Virgen del Cobre, en Cuba, acaso la primera virgen cubana, debió la circunstancia de ser oriental, es decir, de tener su ermita en la región cubana más significativa en las épocas de los indios precolombinos, de la conquista española y de la independización nacional, el llegar a ser más cubana que las demás.(2)

La Virgen de la Caridad del Cobre que fue Virgen trigueña para los castellanos conquistadores, llegó a ser, por una frecuente paradoja de las creencias populares, la Virgen cubana, la Virgen mambisa y antiespañola, según decía el sentimentalismo de los patriotas cubanos exaltados, cuando el hervor de las contiendas separatistas; oponiendo entonces la Virgen de la Caridad del Cobre a la Virgen de Covadonga, que era tenida por la más intransigente metropolitana e integrista. La primera vestía siempre de blanco y azul, a la otra gustaban de adornarla con indumentos de oro y grana.

Así podía leerse en la prensa cubana revolucionaria de 1871 el siguiente texto:

Gente del Cobre ¡Ah!, se me olvidaba. El cura de la iglesia de la Caridad (español, no hay que decirlo) y ha invitado a sus feligreses para que le recen una novena a la Virgen, pidiéndole que se acabe la insurrección. Y ¿sabe usted por qué lo ha hecho? Pues, porque ha llegado a su noticia que en tiempo no lejano la Virgen era insurrecta, y se pasaba en la manigua semanas y meses seguidos, según cuenta la tradición, apareciéndose luego en su santuario de El Cobre, manchada de lodo, y cubierto de zarzas el vestido. (Las legendarias desapariciones ambulatorias de la Virgen de la Caridad, reaparecen ahora, por la exaltación de la fe patriótica.) ¡Hola! ¿Ya apeláis a los santos, nietos de Pelayo, y súbditos del hijo de rey que ha destronado al Papa? Amadeo, de la estirpe de los Saboya, hijo de Víctor Manuel II, que destruyó, el 20 de septiembre de 1870, el poder temporal de la Santa Sede romana. (3)

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Cuéntase que Carlos Manuel de Céspedes, al entrar en Bayamo con las fuerzas liberadoras, hizo decir una solemne misa en honor a la Virgen de la Caridad, poniendo bajo su protección al ejército revolucionario. Hoy cuenta la parroquia de San Salvador de Bayamo con una pintura mural al óleo, conmemorando esa ceremonia de proselitismo mambí.

Algo análogo ocurrió en México cuando la revolución independizadora de 1810. El cura patriota Hidalgo enarboló el pendón de la Virgen de Guadalupe (originaria de Extremadura), como patrona de los separatistas. Los españoles respondieron con la invocación a la Virgen de los Remedios, que en cierta ocasión fue vestida con el uniforme de capitán general español; así como la Virgen del Pilar fue contra los invasores franceses de España en aquella época, capitana de la tropa aragonesa, según reza en la canción popular. Cuando el triunfo de los separatistas mexicanos, a la Virgen de los Remedios, llamada por los victoriosos La gachupiana, se le expidió pasaporte para España y se le ordenó que evacuase el territorio de México republicano.(4)

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El doctor Fermín Valdés Domínguez, el fraterno compañero de Martí, escribía: «La milagrosa y cubana Virgen de la Caridad es santa que merece todo mi respeto porque fue un símbolo en nuestra guerra gloriosa.

»Camagüeyana era mi madre, y su religión –que era la del bien– solo tenía un culto positivo: la fe en la Virgen cubana, como ella decía: “Lleva, hijo mío, tu medalla al cuello y no le temas a las balas de los españoles: esos son siempre los judíos, los asesinos de Cristo y de todos los hombres que saben amar la libertad; esa medalla los asusta, ella es la voz de la justicia que los manda, como réprobos, al infierno.”

»Y cuando en el presidio secaba, amorosa y altiva, el sudor de mi frente; y quería curar con sus lágrimas las úlceras de mis pies, y arrancar con sus manos mis grilletes, entonces su plegaria era un grito de dolor: ¡Virgen de la Caridad, que triunfemos!» (5)

———

Nos cuentan algunos sacerdotes cubanos que Antonio Maceo, el caudillo de la bélica invasión de la parte ponentina de Cuba, cuando la guerra liberadora, llevaba al cuello un escapulario de la Virgen de la Caridad, y ello se vio en grande, pues en ocasiones de celebrarse un baile para celebrar la llegada de los mambises victoriosos al extremo occidental de la patria, se le rompió la cinta del escapulario al famoso libertador y este pidió a una dama que se lo cosiera.

No faltan finas leyendas y curiosas anécdotas de la vida de la manigua liberadora en que la Virgen de la Caridad del Cobre apareciera «dando machete» a la tropa española, como Santiago acuchillaba…

Una copla cubanísima de la Guerra de los Diez Años, recogida por Carolina Poncet, cantaba:

Virgen de la Caridad,
Patrona de los cubanos,
Con el machete en la mano
Pedimos la libertad. (6)

Hoy la separatista Virgen de la Caridad del Cobre celebra su fiesta el mismo día de la integrista Virgen de la Covadonga, el 8 de septiembre, que la Iglesia consigna a la Natividad de la Nuestra Señora. En ese día del cumpleaños de María celébranse muchas otras advocaciones marianas. Se nos dice que el arzobispo del Cobre pidió a Roma que la Virgen de los cubanos tuviera misa y oficio propios, trasladándose su festividad para el 20 de mayo, o sea, para el aniversario del natalicio de la república cubana.

Para los españoles de Santiago de Cuba, la Virgen de la Caridad fue tenida mambisa y hubo mañado empeño en anularla, exaltando la devoción de otra Virgen, de rancia y ostensible prosapia española, o sea, la Virgen de los Desamparados, de Valencia, que fue traída a Cuba y desembarcada en Santiago con gran solemnidad eclesiástica, gran parada de tropas y de voluntarios, concurrencia de autoridades, Te Deum catedralicio, y demás propias del estado español unido a la Iglesia Católica en diferente disfrute del absolutismo colonial.

La Caridad en la copla popular del tiempo de la guerra del 95:

Dicen que Pancho Valeria
es un diario americano
por eso los cubanos
no pueden plantar bandera.
Ay Dios! Gran Dios!
Es menester que no hubiera
en El Cobre la Caridad
que allí esa señora está
pidiendo por los cubanos
con la bandera en la mano
que viva la libertad.
Ay Dios! Gran Dios!

(La música es del tipo tonada.)

(…)

———

La Virgen Caridad del Cobre que se venera en El Cobre, allá en la provincia cubana de Oriente, y es la misma imagen dicen aparecida por gracia divina en tierra movilizada por reclutas mambises, anduvo por las maniguas patrias, y peleó por la independencia de Cuba, como la Virgen de Covadonga luchó en el ejército español por la permanencia del coloniaje, continuándose así la tradición belicosa de las imágenes marianas amparadoras de guerras, sea de Concepción, liberadora de los cristianos en Lepanto; como la Guadalupe, liberadora de México; como la Pilarica, liberadora de España, que según la copla:

no quiere ser francesa,
quiere ser capitana
de la tropa aragonesa.

La Virgen de la Caridad del Cobre quiere ser capitana de la tropa mambisa, levantada por los cubanos para ganar a la fuerza las libertades que entonces se ansiaban. Pero la Virgen de la Caridad no fue una poderosa guerrera, y sus favores marciales no fueron sino transitoria dedicación a que la obligaba la devoción del pueblo cubano, que desde comienzos del siglo XVII, la tiene por muy intercerona celestial y abogada influyente en la Suprema Corte de Ultramundo.

Los católicos españoles, pobladores de estas Indias americanas, veneraron en Cuba otras imágenes de la personificación de la maternidad divina, como la de Monserrate por la colonia catalana, la de Covadonga por la asturiana, la del Pilar por la aragonesa, o la Begoña por la vascongada, amén de otras advocaciones menos regionales que vinieron de España con los conquistadores y colonizadores, como Nuestra Señora de los Remedios, de Regla, la Asunción, de la Salud, del Carmen, del Rocío, de los Dolores, de Guadalupe, etc., las cuales alcanzaron aquí culto muy extendido, hasta fijarse y perdurar en la toponimia cubana; pero ninguna se cubanizó como la Virgen de la Caridad del Cobre, morenita ella y surgida de la fe popular entre indios y negros, entre esclavos; propicia, por la legendaria aparición, a la fe de las clases humildes, que en Cuba más miraban deprecatoriamente al cielo.

(Tomado de Progresosemanal )

Notas:

1 Fernando Ortiz. “La Virgen Mambisa”, en La Virgen de la Caridad del Cobre. Historia y etnografía. Compilación, prólogo y notas de José A. Matos Arévalos. Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2008. pp. 250-257.

2 La Virgen de la Caridad no fue en Cuba exclusiva de la región oriental, pues en la parroquia del Espíritu Santo de La Habana hubo cofradía de Nuestra Señora de la Caridad desde antiguo, según nos dice Arrate; pero el santuario de El Cobre, cerca de Santiago, ha sido siempre el asiento nacional y milagroso de la Virgen de la Caridad. La Virgen cobreña fue la más cubana.

3 Cita de Emilio Bacardí y Moreau. Crónicas de Santiago de Cuba. Santiago de Cuba, 1923, p. 133.

4 W. S. Walsh. Curiosities of Popular Customs, p. 835.

5 Y narra después una peregrinación anual que el 10 de octubre celebraban las mujeres católicas de los mambises para pedir a la Virgen cubana la independencia de la patria. «La Virgen de la Caridad», en el periódico Patria. Nueva York, 9 de junio 1894. Artículo fechado en Key West, 25 de mayo de 1894.

6 Carolina Poncet. «Cantares locales cubanos», en Archivos del Folklore Cubano, vol. I, No. 2, abril, 1924, p. 97.

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