Más allá de la Aduana

La publicación de la Gaceta Oficial número 30 confirmó lo que venía anunciándose a voces por distintos medios en Internet: que Cuba refuerza las barreras a la importación de productos hacia la Isla. Muchas son las interrogantes del por qué se toma una medida que, a todas luces, genera descontento en la población.

¿Es coherente la forma, eminentemente administrativa, de este instrumento para frenar la importación comercial hacia la Isla, en un entorno donde pensamos y necesitamos avanzar hacia instrumentos completamente distintos en el nuevo modelo económico? ¿Cuáles son los elementos que justifican, o no, la prohibición de importación con fines comerciales hacia Cuba?

El manejo de la política pública en Cuba se ha caracterizado, durante las últimas cinco décadas, por el uso de mecanismos directivos con un elevado carácter administrativo. Los mismos funcionan a través del establecimiento de obligaciones y prohibiciones para alcanzar los objetivos predeterminados en la política.

Sin entrar a debatir la eficacia de estos instrumentos, resulta evidente que la reconstrucción del nuevo modelo económico demanda la generación de nuevas formas de dirección desde el centro, ante la emergencia de nuevos actores; mecanismos indirectos que apuesten por modificar los incentivos instaurados para compulsar a los agentes a asumir comportamientos afines con la política pública.

Pero volvamos a la medida. Atendiendo a las nuevas reglas del juego lo más coherente hubiera sido encarecer por tramos la importación de artículos y no reducir la cantidad de artículos a ingresar. Pongamos un ejemplo:

En el caso del calzado femenino de vestir el cambio en las regulaciones redujo la cantidad de artículos permitidos a ingresar al territorio nacional de un tirón en un 87%, de 30 unidades a 5. Si bien 30 pares de calzado femenino podrían parecer una cantidad exorbitante para un fin no comercial, la cifra impuesta de 5 pares es, a todas luces, insuficiente para un por ciento significativo de las familias cubanas.

En la práctica minimiza las posibilidades de elección atendiendo a las necesidades de cada individuo. Otro tipo de mecanismos no restringiría la entrada a partir de una cantidad máxima, sino del precio máximo que está dispuesto a pagar el individuo. En esta lógica cada par adicional a partir de los 5 permitidos debería sufrir un costo adicional elevándose de forma exponencial en la medida que se agregue una unidad más de producto. De esta forma el usuario tiene la posibilidad de elegir, adaptando a sus necesidades la decisión.

Instrumentos más flexibles son políticamente mejor asimilados y posibilitan soluciones diferentes a realidades individuales distintas.

Cambiando el foco

El segundo tema dispuesto para el debate resulta más complejo por la diversidad de matices que encierra. Resulta conveniente aclarar que la política comercial hacia el sector externo, podría clasificarse como proteccionista o liberal. Nos concentraremos en la primera por ser la clasificación aplicable a Cuba.

El objetivo fundamental de una política proteccionista es proteger la industria nacional, encareciendo o prohibiendo la entrada de productos externos más competitivos en precio y calidad. De esta manera los consumidores financian el desarrollo de la industria naciente pagando precios más elevados o viéndose obligados a consumir productos de menor calidad.

Una política proteccionista férrea generalizada para todos los productos y servicios es completamente inefectiva, pues ninguna industria nacional puede desarrollar competitivamente todas las ramas y satisfacer todas las demandas de los consumidores.

Por otro lado, proteger las industrias por las cuales el país apuesta, no es una opción, es una obligación, en tanto no es posible comprar todo en el extranjero. Por restricciones financieras obvias es necesario tener un intercambio equilibrado entre salidas y entradas de productos y servicios al país o fuentes sostenibles para financiar las diferencias, como pueden ser las remesas.

En entrevista realizada por el periódico Juventud Rebelde, Yahily García Poma, Jefa del Departamento de Política Arancelaria del Ministerio de Finanzas y Precios, expresó que “la regulación de importaciones sin carácter comercial de las personas naturales contribuye, sin dudas, a estimular la producción nacional, a incentivar la compra en el país.”

De esta declaración se deduce que el objetivo fundamental de la política comercial proteccionista que hemos venido analizando es el que se está persiguiendo con las medidas recientes. Los costos de la medida podrían verse justificados si existiese una política clara de apoyo a la industria nacional de los diferentes productos que se venden en estas tiendas en CUC. La realidad indica todo lo contrario.

La inmensa mayoría de los productos que se ofrecen en las tiendas en CUC son importados o elaborados en el país con un fuerte componente de importación en sus insumos, por tanto su venta tiene un alto poder recaudatorio debido a sus precios, pero un impacto marginal en la industria nacional.

La única forma de incrementar la oferta es a través de las inversiones. Los planes inversionistas a futuro en el país están en función de modernizar y crear capacidades en ramas estratégicas como biotecnología, infraestructura y agricultura, dejando a un lado la mayoría de las producciones que se venden en estas cadenas. En conclusión, el elevado proteccionismo no encuentra una justificación eficiente en el objetivo de fomentar la industria nacional pues no están dadas las condiciones favorables para eso.

Controlar que todas las compras que realice el país al resto del mundo sean menores que las ventas, evitando de esa manera el endeudamiento y generando excedentes de recursos para poder invertir en el futuro y/o pagar los compromisos financieros adquiridos en períodos anteriores es otro objetivo.

En realidad la solución óptima sería una industria capaz de satisfacer una parte importante de la demanda nacional y poder financiar con exportaciones lo que el país demande y no se produzca al interior de nuestras fronteras; como no existe, resulta necesario reducir el consumo de bienes finales importados por cualquier vía para racionar el consumo de divisas.

La nueva estrategia económica ha apostado por la inversión extranjera directa (IED) como fuente del crecimiento en el mediano plazo y está invirtiendo enormes montos con este fin. El éxito de la misma dependerá de la confianza de los inversionistas, que está determinada, entre otros motivos, por una legislación que los favorezca y en especial unas finanzas externas equilibradas que demuestren que el país tiene capacidad de pago.

El acceso a recursos financieros externos es una limitante para el crecimiento de todas las economías de bajo desarrollo. Las autoridades cubanas en el afán de hacer un uso eficiente de los montos insuficientes con los que se cuenta, han prohibido la importación con fines comerciales a la mayoría de las personas jurídicas del país. Hoy se prevé una cierta flexibilización, avalada por tímidas medidas de descentralización en el uso de las divisas para algunas entidades estatales y mixtas.

Opciones de política hay muchas, se podría revisar la de precios de las cadenas estatales; permitir la importación a privados de algunos bienes que no sean de interés para el Estado; crear un mercado mayorista estatal de estos productos y dejar las ventas minoristas a los cuentapropistas, entre otras.

La realidad es que el tema está en manos de los hacedores de política que tienen que sopesar factores políticos y económicos de cada medida y muchas veces quedan debiendo en este proceso. En este sentido resulta incuestionable la necesidad de un mejor despliegue informativo, con transparencia y calidad, que tenga en cuenta la debilidad de nuestra infraestructura comunicacional y que entienda que el apoyo popular a la reforma también puede ser un recurso escaso si no se maneja adecuadamente, en tanto los costos de la misma son asumidos por la sociedad en su conjunto, en especial por los sectores menos beneficiados por cada medida.

*El autor es economista, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de la Habana.

(Tomado de ProgresoSemanal)

 

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Un pensamiento en “Más allá de la Aduana

  1. Me parece muy objetivo el tratamiento de este tema tan discutido en las últimas semanas. Sería bueno que lo leyeran esos “hacedores de la política” a los que se hace alusión al final y que escribieran en sus agendas que “el apoyo popular a la reforma también puede ser un recurso escaso si no se maneja adecuadamente, en tanto los costos de la misma son asumidos por la sociedad en su conjunto, en especial por los sectores menos beneficiados por cada medida”.

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