Mayoría de cubanos de Miami: eliminen el embargo

Hace unas pocas semanas, traté de encontrarle sentido a un artículo en The Miami Herald acerca de una encuesta sobre las opiniones de los cubanoamericanos en relación con la política norteamericana hacia Cuba. La encuesta fue realizada para el periódico por una firma privada de investigaciones, Bendixen and Amandi International. La muestra era de 400 cubanos inscritos como electores en el Miami-Dade.

Argumenté que, más allá de los resultados aparentemente contradictorios y la atención puesta en el hecho de que la mayoría de los electores cubanoamericanos inscritos continúan estando a favor del embargo, la conclusión más significativa de toda la encuesta es la siguiente: en el seno de la comunidad cubana, el segmento que crece –cubanoamericanos nacidos en EE.UU., cubanos más jóvenes y recién llegados– son precisamente los que más probabilidades tienen de oponerse al embargo.

Ahora una nueva encuesta realizada por la Universidad Internacional de la Florida (FIU) no solo confirma sin lugar a dudas ese punto, sino que concluye que el número de cubanos de Miami que se oponen al embargo excede a los que los favorecen en 52 por 48 por ciento.

La diferencia entre los dos estudios en cuanto al apoyo al embargo probablemente reside principalmente en el hecho de que Bendixen-Amandi encuestaron solo a electores inscritos, mientras que la muestra de la FIU incluyó a todos los cubanos del condado Miami-Dade. Encuestas anteriores han mostrado que los electores inscritos tienden a apoyar el embargo de manera más firme que otros cubanos. También, Bendixen-Amandi muestreó a 400 sujetos, mientras que la FIU encuestó a 1 000. Si por lo demás ambas muestras son iguales, las más pequeñas tiene tendencia a un mayor margen de error.

Dicho esto, los dos estudios en realidad no se contradicen, sino que muestran dos caras de la misma moneda cubanoamericana. Los resultados de Bendixen-Amandi reflejan las opiniones de la clase política cubanoamericana, que tiene la mayor influencia en cuanto a la política de EE.UU. hacia Cuba. El estudio de la FIU es una instantánea de toda la población cubanoamericana en su conjunto, lo cual incluye a un gran número de personas sin derecho al voto como resultado de su estado inmigratorio/legal o por decisión propia. Las tensiones entre ambos grupos, la vieja guardia y los cubanos recién llegados, acerca de una serie de temas que incluyen el embargo, son palpables en toda la comunidad.

Una de las ventajas de la encuesta de la FIU es que ha sido realizada básicamente de la misma manera durante más de veinte años. Eso permite sacar conclusiones de las tendencias. En 1991, entre los cubanoamericanos de Miami-Dade 87 por ciento apoyaba el embargo. En 1997, el apoyo descendió a 78 por ciento. Para 2004 había bajado a 66 por ciento, lo que aún era una mayoría de dos tercios. Entre 2004 y 2011, bajó a 56 por ciento. La cifra de 48 por ciento en 2014 es la más baja y la primera vez que los que se oponen al embargo superan a los que lo apoyan.

El hecho principal que surge de esta reciente encuesta de la FIU es que en 2014 el embargo tiene una base cada vez más pequeña de apoyo público, el cual ya no incluye ni siquiera a la mayoría de los cubanos de Miami. El núcleo de apoyo popular del embargo se reduce en esencia a los cubanos de línea dura, Ancianos de la Vieja Guardia.

En el estado y en la nación como un todo, el debate ni siquiera se acerca. Por ejemplo, una encuesta de Public Policy arrojó que los residentes del estado se oponen al embargo por un abrumador 53 a 22 por ciento. Las encuestas a nivel nacional también muestran una oposición mayoritaria al embargo.

Por ejemplo, a principios de este año, el Atlantic Council, un influyente grupo de política exterior, realizó una encuesta que mostró que la mayoría de los norteamericanos y la mayoría de los floridanos está a favor de un cambio en la política de EE.UU. hacia Cuba. Esa encuesta fue analizada por Jesús Arboleya en una edición anterior de Progreso. Arboleya ve en la encuesta del Atlantic Council una evidencia del deseo entre las élites políticas de EE.UU. a favor de un cambio en la política hacia Cuba. El rechazo al embargo ha estado creciendo en la clase política de EE.UU.. Puede decirse diez años después que la mayoría de la élite política de EE.UU. está de acuerdo con lo que el coronel Lawrence Wilkerson, jefe de personal del secretario de Estado Colin Powell, dijo acerca de la política de EE.UU. hace una década (2004): es “la política más estúpida sobre la faz de la Tierra”.

Sin embargo, a pesar de la insatisfacción popular y elitista, el núcleo de la política más estúpida sobre la faz de la Tierra permanece en vigor, aunque la administración Obama haya eliminado algunas de las sanciones más crueles y de menos sentido. ¿Cómo es posible esto?

El nudo gordiano que ha evitado un cambio fundamental de política fue atado por el Congreso en 1996 alrededor del cuerpo del poder ejecutivo. Llegó bajo la forma de la Ley Helms-Burton, aprobada por el Congreso y firmada por Bill Clinton. Permanentemente en busca de una excusa para convertir una acción del gobierno cubano en un recrudecimiento de las sanciones norteamericanas a la Isla, los miembros cubanoamericanos del Congreso se aprovecharon del derribo de un “Avión de Hermanos al Rescate” para, en un año de elecciones, forzar al presidente Clinton a firmar una ley que en esencia transfería al poder legislativo aspectos medulares de la política hacia Cuba. En 1994, según el mismo principio, los líderes cubanoamericanos trataron de usar la “crisis de los balseros” para presionar a Clinton a imponer un bloqueo naval a Cuba. Pero eso hubiera sido un acto de guerra y, además, una grave violación del derecho internacional. Aparte de eso, 1994 no era año de elecciones. Por tanto, fracasaron en 1994. En 1996, con la Helms-Burton, a falta de una invasión, tuvieron éxito más allá de toda expectativa. Hasta que no haya un cambio importante en la composición partidista e ideológica del Congreso –nada probable por el momento– no hay posibilidad de que la Helms-Burton sea repudiada y se elimine el embargo.

Por tanto, los presidentes norteamericanos en el futuro predecible tendrán las manos atadas y serán maniobrados través del sistema política norteamericano por parte representantes de una minoría cada vez más reducida de gente de línea dura en una comunidad que significa una minúscula porción de la población norteamericana (0,4 por ciento). Todo esto –irónicamente– hace de la política de EE.UU. hacia Cuba no solo la política más estúpida sobre la faz de la Tierra, sino también una de las menos democráticas.

(Tomado de progresosemanal)

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