Su trozo de pastel

MIAMI-Hace pocos días se conoció que una delegación del Club de París, entidad no oficial que agrupa las economías más sólidas del mundo viajó discretamente a La Habana y que se ha mostrado un interés por ambas partes para renegociar la deuda.

La deuda, como elemento de canje, es uno de los medios que las entidades financieras internacionales utilizan a la hora de evaluar la capacidad de respuesta económica de cualquier Estado. El Club de París ha dicho que “Cuba ha estado más o menos reestructurando y cumpliendo sus obligaciones de deuda” lo que en términos de lectura analítica quiere decir que la Isla se adecua a los métodos y sistemas avalados para el otorgamiento de créditos internacionales.

Por otra parte el Banco Mundial, en la voz del economista jefe para América Latina Augusto de la Torre ha expresado que “Cuba está en un proceso de apertura” y que la “modernización y actualización de la economía cubana va muy en serio”.

Recientemente Cuba ha recibido una marea de diplomáticos extranjeros. Una amplia representación de parlamentarios iraníes manifestó la necesidad y el interés de su país por aumentar los vínculos económicos con la Isla; Valentina Matvienko, Presidenta de la Cámara Alta de Rusia encabezó una delegación de senadores con el objetivo de “actualizar los vectores y formatos de la cooperación”; Wang Yi, Ministro de Relaciones Exteriores de China en su visita a La Habana expresó la importancia de “reforzar la relación estratégica y de cooperación”, y Laurent Fabius indicó el interés de su país por consolidar sus lazos con América Latina.  “En ese marco deseamos en particular estrecharlos con Cuba”, dijo, en lo que fuera la primera visita de un canciller francés a la Isla en más de treinta años.

También en La Habana el secretario de Estado de Exteriores de Portugal, Luís Campos Ferreira, valoró positivamente “la evolución política, social y económica que está aconteciendo en Cuba”, y afirmó que “los portugueses quieren también invertir en Cuba”.

Entre el 29 y el 30 de abril, Cuba y la Unión Europea sostendrán una primera ronda de negociaciones para un acuerdo de diálogo político y cooperación que reducirá la “posición común” de 1996 a una mala memoria.

Todas estás actividades apuntan hacia un reconocimiento formal de la viabilidad y fiabilidad del proceso de reestructuración de la economía cubana, no sólo en el aspecto formal, sino también en el práctico. Cuba vive un proceso de cambios que necesariamente dinamizarán su economía y el mundo se ha dado cuenta de esto.

Mientras, en los Estados Unidos, numerosos grupos se aprestan a visitar la Isla. Quizás el de mayor relevancia, en el aspecto económico es el anunciado viaje de representantes de la Cámara de Comercio que agrupa a más de tres millones de empresas. Pero en este caso los resultados previsibles de esta visita no llegarán más allá del interés y la constatación. Imposibilitados de participar en la economía cubana, regresarán con las manos vacías y con la certeza de que están perdiendo oportunidades.

El comercio entre Cuba y la Unión Europea aumentó un 8% en el 2013; con China un 25%; con Venezuela, Brasil y Argentina los intercambios han aumentado en diferente grado en los últimos tres años. Sin embargo, la compra de alimentos en los Estados Unidos, permitida por el Congreso desde el año 2000 bajo el rubro de humanitario, disminuyó considerablemente.

El intercambio entre Cuba y los Estados Unidos, limitado a medicinas y alimentos tiene que ser pagado en efectivo y no cuenta con ningún tipo de financiación. La diversificación de los mercados cubanos ha propiciado que otros socios comerciales participen de su economía. Tal como afirma America Economía: “Pese al embargo, Estados Unidos, situado a sólo 145 kilómetros, es uno de sus diez más importantes socios comerciales de Cuba. En tanto, la isla es uno de los 50 mercados mayores para las exportaciones agrícolas de Estados Unidos”

Mientras Cuba recibe ofertas y adecua su estructura a los mecanismos de mercado e inversiones que rigen la economía mundial, Estados Unidos persiste en una política absurda contraria a sus propios intereses. Si a pesar del bloqueo Cuba ha comprado alimentos en los Estados Unidos por un importe superior a los 3 500 millones de dólares desde 2001, cantidad para nada despreciable, sin esa barrera, y en condiciones normales, no es descabellado prever que ese volumen aumentaría considerablemente.

La realidad es que existe un interés por parte de grupos económicos internacionales de participar en Cuba, de sumarse a un proyecto donde el arranque determinará la posición y la participación en un futuro interesante. Es notable un desbalance entre la capacidad crediticia de Cuba, el incremento discreto de su economía y la capacidad inversionista de sus socios comerciales. Sin embargo son esas mismas economías desarrolladas o emergentes las que están interesadas en hacer negocios con Cuba.

Según Standard and Poor´s, Brasil, China y Rusia están entre los mercados emergentes más sólidos. Estos tres países son, además, de los principales socios comerciales con que Cuba cuenta junto a España, Canadá y Venezuela. Mientras cada vez más mercados intentan sumarse a los proyectos cubanos, Estados Unidos pierde oportunidades.

En este sentido la estrategia cubana de diversificar sus socios comerciales no debe desdeñar la posibilidad de una relación natural, equitativa y justa con su vecino del norte. Es evidente que el ojo internacional ya está sobre la Isla, también el de la comunidad empresarial norteamericana.

Los cambios políticos necesarios para que Estados Unidos pueda participar en la apertura económica cubana vendrán de la presión que ejercerán grupos empresariales, económicos y financieros cuando la evidencia del costo de mantener el embargo choque contra sus intereses. En una economía globalizada, Cuba, como puente y vecino, representa no sólo un mercado potencial, también es un espacio idóneo para operaciones logísticas y de redistribución de mercancías.

El bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene los Estados Unidos hacia Cuba tiene su principal antagonista en el proceso de actualización del modelo económico que vive la Isla. Cada visita de una autoridad interesada en participar del mismo, cada inversión, cada nueva ley o regulación que Cuba apruebe con el fin de consolidar este proceso es un pellizco al injusto mecanismo que dura más de cincuenta años.

La política no se hace complaciendo a un reducido grupo de intereses. Un país como Estados Unidos maneja sus relaciones teniendo en cuenta el interés común de su nación. Sostener un embargo caduco sólo para complacer a un lobby cada vez con menos prestigio es contrario a los fundamentos y generalidades de su política exterior. Como dijera Arturo López-Levy “el lobby pro embargo no tiene espalda para contener el bulldozer de una comunidad de negocios estadounidense y cubanoamericana motivada a tener una relación de comercio e inversión con Cuba”

Mientras Cuba avanza, con más o menos velocidad, y plantea su futuro en concordancia con modelos de funcionamiento aceptados y al uso en las relaciones económicas internacionales, los Estados Unidos persisten en condicionar su participación a una agenda de cambio de régimen. Pero, y siempre hay un pero que salva, será imposible contener el reclamo de su comunidad empresarial si ésta demanda, diciéndolo mal y pronto, “su trozo de pastel”.

(Tomado de Progreso Semanal)

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