Oportunidad económica de la Florida, más allá del azar

Yadira Escobar • 20 febrero, 2014

PSA-juegosEn 1978, los juegos de azar fueron legalizados oficialmente en Atlantic City, Nueva Jersey. La ciudad estaba luchando y en un intento por crear empleos se convirtió en un destino turístico donde los viajeros de fin de semana podían apostar. Los políticos introdujeron los casinos como una ruta rápida y fácil para un expedito flujo de caja. Y a pesar de los pocos empleos de bajo salario que creó, el juego no evitó que la ciudad cayera en picada en la pobreza generalizada. Años después, muchos casinos se declararon en quiebra.

Enfrentada a su propia crisis económica generalizada, los políticos floridanos han tratado de introducir aquí los juegos de casino como un elixir mágico. Y el gobernador Rick Scott también está trabajando en un futuro pacto con la tribu seminola, el cual pudiera estar acompañado de la promesa usual de más hipódromos y mesas de blackjack como un incentivo para la economía.

Lo que no se está discutiendo es que un proyecto de ley a favor de los casinos que legalizaría el juego de alto riesgo también abriría la puerta a enormes problemas de adicción al juego en la Florida. Para no mencionar al crimen organizado que inevitablemente surge en el entorno de los juegos de azar.

Parece irresponsable cuando se examina la actual estadística de la pobreza. Agréguese a eso el hecho de que demasiadas personas en nuestra comunidad derrochan en estos juegos de azar el dinero que no se pueden dar el lujo de gastar. Esta debiera ser una seria preocupación para nuestros representantes. Miles siguen lanzado los dados y barajando las cartas en un fútil intento que no los sacará de la pobreza.

Una visita al local de “Jugadores Anónimos” revela  muchas historias desconocidas de ciudadanos normales que derrocharon los ahorros de una vida, sobregiraron sus tarjetas de crédito, se alienaron de sus seres queridos e incluso cometieron delitos para satisfacer el irrefrenable deseo de hacerse ricos de la noche a la mañana. Según la estadística oficial de la organización sin fines de lucro “Concejo de la Florida para el Juego de Azar Compulsivo” (FCCG), más de la mitad de los jugadores habituales han confesado haber cometido ilegalidades.

Los rasgos psicológicos de la mayoría de los jugadores varían, pero las pasiones más predominantes son el estrés, el nerviosismo e incluso la depresión severa. No es necesario decir que muchos afligidos residentes del Sur de la Florida que están desempleados comparten similares perfiles emocionales. El FCCG también descubrió que un exorbitante 83% de todos los adictos luchan para poder pagar las facturas comunes del hogar. Su estudio de 2008 también llegó a la conclusión de que en la Florida alrededor de 21 000 estudiantes universitarios sufren de problemas relacionados con los juegos de azar.

La Florida está en lucha constante con Nevada como el estado número uno en ejecución de hipotecas. Uno de cada 43 hogares ha estado en algún tipo de problema de ejecución en el pasado reciente. En una era de completa angustia, cuando pensamientos suicidas acosan a los que han sufrido la recuperación de posesiones, los premios deslumbrantes del juego son irresistibles. La compra más aparentemente inocente de un billete de lotería no es solo una oportunidad de dinero fácil. Si se distorsiona para tornarse en una obsesión, se convierte sencillamente  en un deseo de escapar de la realidad. De esa manera, nace un  problema social.

Un alto porcentaje de esos jugadores frecuentes que acuden a los hipódromos, al casino Magic City, al Seminole Hard Rock y al Miccosukee Resort & Gaming aquí en Miami son personas de la tercera edad trágicamente jubilados. La estadística de la Asociación Norteamericana de Juegos de Azar demuestra que la mitad de todos los adultos que visitan los casinos tiene más de 50 años, lo cual coincide tristemente con el hecho de que muchas familias que luchan por estirar los ingresos hasta fin de mes en Miami-Dade dependen de un cheque de la seguridad social de un miembro de la familia o de dinero de retiro. Todo esto señala a la posibilidad de que si las tácticas de los casinos (como presionar legislaciones que los favorecen) continúan evolucionando, puede que seamos testigos de un empeoramiento de las ejecuciones de hipotecas e incluso más demostraciones de verdadera hambre.

La Clínica Internacional de Derechos Humanos de la Escuela de Leyes de la Universidad de Nueva York ha reportado que un sorprendente número de 50 millones de familias en Estados Unidos padece de inseguridad alimentaria. Son hogares que supuestamente ganan salarios por encima de la línea de pobreza, lo que los descalifica para cualquier programa de ayuda alimentaria. Al mismo tiempo, no ganan lo suficiente para no pasar hambre. Muchas familias del Sur de la Florida con bajos ingresos se enfrentan a programas de ayuda muy reducidos o ya desaparecidos simplemente reduciendo el gasto en nutrición.

Los políticos tienen que encontrar soluciones a este tipo de problema. Los juegos de azar no son la respuesta. ¿Cómo los pueden presentar como una buena cosa para Miami-Dade si los beneficios económicos provenientes de tales propuestas terminarán privatizados, pero los “daños colaterales” a nuestra sociedad serán socializados?

Al final, cualquier efecto secundario negativo será compensado con los dólares de los contribuyentes. Eso es agregar otro a nuestros problemas, no solucionarlos.

Por supuesto, visitar los casinos seguirá siendo una excursión común de fin de semana para muchos. Jugar a la “bolita” continuará siendo una parte de nuestra cultura cubana. Yo también soy culpable de haber hecho cola para jugar la lotería de la Florida, pero ese dólar que he derrochado no nos hace más pobres ni crea mágicamente más empleo. Saber las probabilidades imposibles de ganar no es la solución para ninguno de nuestros problemas. Llevado al extremo, es más como una píldora de escape mental –hasta una droga.

Cierto, hay más propuestas dementes republicanas dando vueltas por el país, como eliminar el Departamento de Educación, cortar de un vez por todas Medicaid y privatizar la Seguridad Social. Aparte de las ideas que son verdaderas locuras, ¿por qué los políticos no están pensando fuera de la rutina?

Por ejemplo, a solo 90 millas de Cayo Hueso existe una posibilidad inexplorada, una ruta desconocida hacia oportunidades aseguradas y confiables de empleo.

Hacer negocios con Cuba favorecería sin dudas el natural florecimiento de sustanciales opciones de trabajo. Crearía múltiples pequeñas compañías y crearía un comercio productivo entre las compañías comerciales locales. Estas compañías crearían automáticamente empleos en el área. Nuestro nivel de vida mejoraría.

Algunos lo ven como un diseño atrevido. Pero los economistas nos dicen que solo puede proveer a nuestra comunidad de auténticos beneficios.

Las actuales sanciones económicas contra Cuba que hace unos días cumplieron 52 años benefician a un número reducido de individuos. Estas políticas anticuadas mantienen su vigor artificial contra Cuba –y por tanto con nuestra propia economía– por medio de organizaciones muy unidas y proyectos subversivos extranjeros que atentan contra el bienestar de nuestra comunidad.

Cada día, cada mes y años subsiguientes que pasan perdemos oportunidades económicas. Seguimos echando por la borda confiables y legítimas oportunidades de expandir nuestro propio comercio caribeño no censurado. Seguimos abandonando sin sentido nuestra ventaja geográfica, mientras hombres de negocios más inteligentes de otros países aprovechan todas las oportunidades de esta situación singular en la que ninguna presencia norteamericana interfiere con su competitivo mercado.

(Tomado de Progreso Semanal)

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