MAL COMIENZO PARA EL INTERCAMBIO ESTUDIANTIL CUBA-EE.UU

anuary 19, 2014

Arturo López-Levy

descargaUn gran revuelo ha causado en la comunidad cubano-americana la llegada de un grupo de estudiantes vinculados a la oposición en la isla para estudiar en el Miami Dade College (MDC). Los recién llegados cuentan con becas sufragadas por la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) a través de la Fundación de Derechos Humanos (FDH), una sucursal de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA).

La “Fundación“, como se le conoce en medios cubanos, es como los Borbones franceses después de Napoleón-”ni olvidan ni aprenden nada”. Es la organización dirigida por la familia Mas (la presidencia se pasa de padre a hijo), a la que el presidente Obama ha dedicado más espacio en sus andares electorales y de recaudación de fondos. Ha sido también, desde su creación por Jorge Mas Canosa, la expresión más eficiente del pensamiento plattista, cabildeando la aprobación de las leyes Torricelli y Helms-Burton. Es también una organización que ha tenido una rama paramilitar encargada de coordinar acciones de carácter violento contra Cuba, incluyendo el apoyo a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, connotados terroristas anticastristas.

La llegada de estudiantes cubanos a universidades norteamericanas era un hecho esperado dada la multiplicación de derechos (de educación, trabajo, a la información a través de los viajes) que ofreció la reforma migratoria cubana desde 2013. Era también de esperar que el gobierno estadounidense y el exilio cubano de derecha, comprometidos ambos con la estrategia confrontacional opositora, extendieran su solidaridad a participantes en la misma. La idea de que esos opositores afines al exilio tradicional recibiesen apoyo de sus partidarios para estudiar en Miami es razonable. Es lógico también que víctimas de la incorrecta máxima fidelista “la universidad es para los revolucionarios“, reciban la oportunidad de estudiar en Miami. Se trata de solidaridad con víctimas de abusos injustificados, violatorios de su derecho humano a la educación, que como muchos otros (la salud es un caso que en Cuba se respeta), no debería condicionarse a las opiniones políticas.

Lo que no era de esperar, por políticamente chapucero, es que el gobierno de EE.UU mezclara las tres cosas, convirtiéndose en un mero suministrador de dólares a la FNCA, adoptando sus intereses y valores como propios. De nuevo, la Administración Obama paga magras contribuciones electorales subordinando su legado al proyecto de subversión proclamado en la ley Helms-Burton: reditar con las nuevas generaciones, ahora por nuevas vías, viejas confrontaciones.

Lo que pudo ser un intercambio educacional sobre bases no-partidistas, quizás el puente a nuevos horizontes, ha comenzado mal al convertir las oportunidades para estudiantes cubanos en EE.UU en otro instrumento más de la política de cambio de régimen impuesto desde fuera. Lo que pudo ser una lógica persuasiva post-guerra fría terminó siendo otra marca de la coerción estadounidense contra la soberanía cubana: “si quieres estudiar en EE.UU”- parece decirle la USAID a los cubanos- “te tienes que aliar con mis opositores favoritos”. ! Que democrático!

¿Un solo pueblo?
El programa “Somos un solo pueblo” niega el título que proclama. Al conferir potestades de decisión y selección de las becas a grupos políticos, EE.UU adopta la máxima fidelista de “la Universidad es para los revolucionarios” al revés. Eso no es una lógica de libertad. El programa de becas, que debía ser para cubanos en general, es para “los contrarrevolucionarios”. Todo financiado con dinero del contribuyente.

Es tiempo de que EE.UU acepte que el pueblo cubano en la isla y la emigración no se reducen a la oposición afín a su política. La FNCA es parte de la comunidad cubana pero no es equivalente a la misma ni su representante. Berta Soler y Guillermo Fariñas son parte de la sociedad civil cubana pero no son equivalentes a la misma. De hecho en términos de prestigio, relevancia social y mensaje político son mucho menos importantes que cualquiera de las comunidades religiosas o varias organizaciones sociales como la masonería.

Ni la FNCA, ni Soler ni Fariñas constituyen el personal y espacio óptimo para evitar el nepotismo, la corrupción, o incluso prevenir que el gobierno cubano use esas becas para enviar agentes a los EE.UU. Si alguien busca un mínimo indicador de los sesgos de Berta Soler y Guillermo Fariñas apenas tiene que leer sus respectivas opiniones sobre la dictadura de Batista (“una tacita de oro”) y el terrorista Posada Carriles (“un luchador por la democracia”).

Se esté o no de acuerdo con los programas de la USAID para Cuba, cualquier observador imparcial reconocería que en Miami dichos programas no son ejemplo de probidad y buena administración. Plagados están con casos de nepotismo, corrupción y nula rendición de cuentas. Según los informes de la propia USAID, el líder de uno de los grupos beneficiados en Miami mezclaba en una sola cuenta bancaria sus gastos personales y los de la organización, incluidos los fondos transferidos por el gobierno federal. Para promover la democracia en el “frio” invierno cubano se compraron sierras eléctricas, chocolates godiva y abrigos de cachemir. El mero hecho de que la USAID no haya cubierto tan elementales cuestiones es un indicador de la falta de supervisión adulta y conocimiento sobre Cuba que corroe a esa institución. El nombre Alan Gross, ¿les suena?

Si Jorge Mas Santos quiere gastar su dinero en becas a opositores, nadie debe oponerse. Sufragar con dinero del fisco sus preferencias es un ventajismo dañino a la política exterior norteamericana y a la promoción democrática en Cuba. Al gobierno estadounidense no le conviene ni por sus valores ni sus intereses subsidiar posiciones políticas en lo que debe ser un mercado libre de ideas. Si la idea es usar el poder de las universidades de EE.UU para mostrar a los cubanos la riqueza plural de la educación democrática, ¿por qué no abrir el espacio sin dominio de ninguna ideología? ¿Por qué cortar el pluralismo con guardianes de selección de tan reconocido sesgo?

El lema “Somos un solo pueblo” debería cubrir a los castristas, no castristas, anti-castristas y cubanos que no les interese la política. Si Miami Dade College ha decidido fortalecer el sentimiento de pertenencia de todos los cubanos a “un solo pueblo”, es elemental que tal programa no tenga un carácter partidista. Después de gastarse todo con los Castro, incluso el tiempo y la sensatez, Juan Antonio Blanco, el funcionario ex-comunista que dirige dicho programa tiene que saber que la mera celebración del viaje de los estudiantes como una victoria anticastrista es confesión flagrante de la manipulación politiquera del mismo.

Otro camino:
EE.UU. tiene otro camino posible. Su gobierno cuenta con una memoria institucional bien establecida para lidiar correctamente con el otorgamiento de becas .Un programa al estilo de las becas Fullbright para estudiantes y profesionales cubanos, sin preferencias ideológicas, trataría a la isla como un país más. A la vez, tal programa mostraría un record de excelencia y democracia, al seleccionar sus beneficiados a partir de una competencia sobre estándares académicos, diversidad racial, religiosa y regional, multiplicidad de experiencias y criterios.

Cubanos y norteamericanos podrían beneficiarse mutuamente de un intercambio de visiones que permita conocer sobre las virtudes, problemas y particularidades de sus respectivas sociedades. Un programa donde lo ideológico no sea marca de selección, sería útil para los cubanos, quienes podrían conocer a EE.UU. más allá de Miami, ciudad donde ha predominado una desviación de los estándares y valores de la democracia estadounidense, incluso a través de actos violentos contra la libertad de expresión. EE.UU recibiría también un cuadro más real de la sociedad cubana con matices más diferentes que el monocolor de aquellos que mimetizan sus discursos a los del exilio radical.

Otorgar becas estadounidenses a cubanos es loable pero su implementación ha tenido un mal comienzo. Debería corregirse cuanto antes para no desvirtuar lo que puede ser un legítimo intercambio entre cubanos y norteamericanos o entre partes plurales de “un solo pueblo”, el cubano, que incluye diferentes posturas políticas incluyendo las pro-gubernamentales. Bien vendría empezar el 2014 con un poco de cordura.

(Tomado del sitio web cafeporcuba)

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