Conferencia impartida por monseñor Carlos Manuel de Céspedes, vicario de la arquidiócesis de La Habana e importante pensador cubano, en el Centro Cultural Padre Félix Varela, el 23 de noviembre de 2013.

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Me resulta imposible evitar que ustedes, al escucharme, tengan la impresión de que ya han leído u oído estas palabras. Durante más de treinta años he hablado y escrito sobre el Padre Félix Varela, en Cuba y fuera de ella, tanto en ambientes eclesiásticos, como en ambientes culturales de diversa índole. Si el personaje tomado en consideración y el conferencista son los mismos, si los destinatarios son  homologables a los anteriores y si el tema está enlazado con los tópicos previos, o sea, con la posible significación del Padre Varela para la Cuba de hoy, las repeticiones resultan ineludibles. Por esto, cuando se me pide que hable o escriba sobre el Padre Varela, suelo hacer una primera resistencia, pero si me insisten, utilizando el argumento de “la juventud de nuevos auditores”, que no han tenido muchas oportunidades de conocer al Padre, rindo mis armas y, de nuevo, accedo a presentar al Padre de nuestra cultura, artífice de la identidad común que nos reúne en esta Isla que Dios nos regala, una y otra vez,  en la accidentada historia que ha recorrido.

Es en el ámbito de ella, de la historia, en el que vivió, habló y escribió Félix Varela, llevando a Cuba en su corazón y en su entendimiento, excepcionales ambos, y pensando no sólo en los Elpidios contemporáneos de él, sino también  en nosotros, los Elpidios que hemos nacido y vivido después; diversos en muchas realidades, pero todos portadores de su antorcha y responsables de la misma tarea fundamental: Cuba. Porque no lo olvidemos: Cuba es la cuna que nos arropa y protege, pero es, simultáneamente, la tarea que nos llama y estimula sin cesar nuestra indoblegable nostalgia de futuridad de la Casa Cuba. 

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(Tomado de Espacio Laical)

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