Carromero: el “ángel” exterminador del Movimiento Cristiano de Liberación.

Por Manuel A. Rodríguez.

descargaA un año del trágico accidente de tráfico, provocado por la imprudencia del joven político conservador español Ángel Carromero, en el que lamentablemente perdieron la vida los opositores cubanos Harold Cepero y Oswaldo Payá Sardiñas, el Movimiento Cristiano de Liberación que fundara éste último va de mal en peor y son pocos los que ahora apuestan a su futuro.

El hecho es que el también dirigente de Nuevas Generaciones del Partido Popular (PP) es el responsable del principio del fin del MCL. El evidente vacío de liderazgo que provocó con la muerte de Payá Sardiñas mantiene al movimiento completamente desorientado, desorganizado y sin una estrategia clara para superar la caótica situación que lo tiene al borde de la desaparición.

Pero también la propia familia de Payá Sardiñas contribuyó a empeorarla cuando decidió exiliarse en los Estados Unidos. Por cierto, una decisión que todavía es criticada por muchos anticastristas a ambos lados del Estrecho de la Florida que estiman que la viuda e hijos perdieron credibilidad al aprovecharse de las reformas migratorias cubanas para priorizar sus intereses personales en detrimento de los del movimiento fundado por Payá.

Aunque desde el exilio insisten en que continuarán  su trabajo para mantener con vida al MCL, en realidad sus esfuerzos siguen dirigidos exclusivamente a presentar ante los medios y foros extranjeros las muertes de Payá y Cepero como “asesinato político” con la exigencia de una investigación internacional, cuestión que, según una fuente bien informada entre los grupos opositores en Miami y también en Madrid, constituye una decisión desatinada que sólo persigue fines meramente mediáticos.

En efecto, no pocos opositores en el exilio no creen en la historia del “asesinato político”. Y muchos coinciden en señalar en que  Payá Sardiñas siempre fue más útil a la seguridad cubana vivo que muerto. Además de que continuamente sirvió de elemento de discordia entre los disidentes gracias a sus aspiraciones – aupadas por sus socios europeos- de  querer convertirse en el Lech Walesa tropical, pero que encontraron la firme oposición de los disidentes Félix Antonio Bonne Carcassés, René Gómez Manzano, entre otros.

Tampoco hay que olvidar que el también premio Sajarov 2002 nunca estuvo en prisión ni siguiera detenido. Fue el único disidente que durante toda su vida mantuvo el vínculo laboral con el régimen cubano. Y uno de los poquísimos disidentes al que se le autorizó salir de gira internacional, incluso recoger el premio otorgado por el Parlamento Europeo, así como también se le permitió a sus hijos viajar al exterior.

Cabe preguntarse entonces ¿qué necesidad tenía la seguridad cubana de “asesinar” a Payá y Cepero? ¿Por qué esperar tantos años? ¿Por qué lo haría en un momento en que eran acompañados por dos políticos extranjeros? ¿Cometería la chapuza de dejar cabos sueltos? ¿Por qué permitiría a Carromero regresar a España a cumplir su sentencia sabiendo, como era de esperarse, que daría una nueva versión de los hechos más ajustada a su pretendido papel de “víctima”?

Apostar sólo a las recientes declaraciones de Ángel Carromero en las que ahora acusa a la seguridad cubana de  haberlos “asesinados”, además de que no son creíbles, constituye un disparate que puede tener un alto costo político no sólo para la familia de Payá sino también para el MCL.

Carromero no puede ser tomado como confiable. Una persona de principios no podrá jamás aceptar ser cómplice de ocultar un asesinato con la promesa de recibir una leve condena que cumpliría en su país. Intentar justificar que lo hizo para salvar su vida, además de evidenciar una alta dosis de cobardía es simplemente una falacia y sería ingenuo pensar que el régimen cubano no dispone de suficientes pruebas que pudieran hacerle quedar mal parado ante la opinión pública española e internacional.

A pesar de que ahora diga lo contrario, oportunidades tuvo suficientes para demostrar su valor y  apego a la verdad ¿Por qué no aprovechó el juicio en el que estaban presentes funcionarios diplomáticos de su país y que también era seguido por la prensa extranjera acreditada en Cuba para denunciar públicamente el “asesinato político” de  estos dos disidentes? ¿Por qué ya de regreso a España tardó tanto tiempo en animarse a contar su supuesta verdad? ¿Por qué dice ahora que su juicio fue una farsa cuando el propio cónsul español en La Habana lo calificó de “limpio, abierto y procesalmente impecable”?

Pero Carromero ha decidido ocultar su papel de victimario no sólo de Payá y Cepero sino también del MCL, asumiendo ahora el rol de víctima para recibir algunos beneficios personales y, de paso, mitigar su frustración y lavar su deteriorada imagen luego del tremendo fiasco de su aventura conspirativa en La Habana que aunque viajó con la mejor intención de ayudar a ese movimiento opositor terminó convirtiéndose en su verdugo. Ello confirma ese viejo refrán que reza: “De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

Por  ello aceptó las “indicaciones” de pesos pesados de su partido del sector aznarista –de conocidas posiciones ultra conservadoras y fuertes conexiones con Miami – que están más interesados en utilizar el supuesto asesinato de Payá, en primer lugar, para abrir otro flanco de ataque al Gobierno de Rajoy y, como subproducto, apoyar a Estados Unidos – y también congraciarse con sus socios de la ultraderecha cubanoamericana-  en su propósito de  articular una nueva campaña mediática contra la Mayor de las Antillas.

Ello pone de relieve la evidencia de que el también aspirante a liderar la rama juvenil del PP está siendo utilizado como una marioneta, lo que explicaría que sus recientes declaraciones las realizara al diario español El Mundo con cuyo director Pedro J. Ramírez el gobernante español Mariano Rajoy mantiene un duro enfrentamiento.

Mientras tanto la viuda e hija de Payá Sardiñas animadas por las nuevas “confesiones” de Carromero – que son las que siempre quisieron escuchar-, insisten en su desatinado llamamiento de una investigación internacional,  sin comprender que el  joven político conservador más temprano que tarde pudiera quedar evidenciado como mentiroso y con ello exterminará no solo credibilidad de la familia Payá Sardiñas sino también al MCL, enterrándolos en el olvido.

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