Cuba: El inicio de la era post-Castro.

Infolatam
Denver, (Estados Unidos), 10 abril 2013
Por Arturo López Levy

diaz-canel-644x3621En 1960, cuando nació Miguel Díaz-Canel, el nuevo primer vicepresidente cubano, Fidel  Castro ya llevaba un año gobernando Cuba y Raúl Castro era el ministro de las Fuerzas Armadas.  El Secretario General de las Naciones Unidas era U. Thant, el presidente de Francia era Charles De Gaulle y la Unión Soviética era gobernada por Nikita Jruschov. Ni la chica de Ipanema, ni Bob Dilan, ni Los Beatles eran conocidos mundialmente.

Por más de cinco décadas, los Castro han resistido el embargo norteamericano de once presidentes, desde Eisenhower a Obama. Pero contra el almanaque no hay victorias. En 2006, la enfermedad de Fidel Castro forzó  la primera transición en el liderazgo cubano desde 1959.  Raúl de 76 años entonces, reemplazo a Fidel, que tenía casi 80.

A pesar de ser una sucesión entre hermanos de la misma generación, el primer periodo presidencial de Raúl Castro tuvo consecuencias relevantes para la política y la economía cubanas. Ante la pérdida del liderazgo carismático de Fidel, el partido comunista cubano (PCC) comenzó procesos de reforma económica y liberalización política con el objetivo de   reconstruir su capacidad para gobernar en las nuevas condiciones. En los últimos cinco años, el gobierno creó importantes bases institucionales para la transición a una economía mixta y una relación post-totalitaria entre el estado y la sociedad civil.

Con la elección del nuevo Consejo de Estado en Cuba el pasado 24 de Febrero comenzó la última fase de la transición a la era post-Castro. Por primera vez un líder nacido después de 1959, Miguel Díaz-Canel, aparece como segundo en la escala de poder. Aunque esta transición ocurre, con el mismo partido y presidente; es discernible un nuevo liderazgo y prioridades cambiantes.  A diferencia de otros líderes jóvenes promovidos primero y purgados después, en este caso, estamos ante una promoción institucionalizada, con la venia de la estructura partidista y los altos mandos militares.

Si se mira al partido comunista como una corporación- una analogía que no debe ser abusada- Díaz-Canel es un manager que ha estado en las diferentes partes de su cadena.  Trabajó en la base como profesor universitario y dirigente juvenil, y luego en dos estratégicas provincias, Villa Clara y Holguín, donde dirigió la implementación de la reforma económica y apertura a la inversión extranjera y el turismo, manteniendo el control partidista sobre ambos procesos.

Díaz-Canel es parte de la red de zares provinciales partidistas, un grupo  de la mayor importancia en la implementación de las reformas propuestas, particularmente la descentralización. Al haber trabajado en el centro y el oriente de Cuba, el nuevo vicepresidente tiene vínculos cordiales con los mandos regionales de las Fuerzas Armadas, el otro pilar, junto al partido comunista, del sistema cubano actual.  Es un civil, el primero en la línea de sucesión, sin mayor experiencia militar, pero ducho en las redes de poder, y el manejo controlado de las reformas.

Si Cuba implementa el tipo de economía mixta propuesta en los lineamientos y establece la nueva relación con el mundo derivada de la reforma migratoria, también se va a transformar políticamente. Con la economía y la sociedad cambiando, el entorno político no permanecerá intacto. El ascenso de mecanismos de mercado y un sector no estatal autónomo reforzará los nuevos flujos de información, inversión y tecnológicos. Los ciudadanos tendrán mayor acceso a internet, y se conectarán más horizontalmente. Cuba se pluraliza. Los nuevos sectores sociales buscarán representación en la arena política.

Lo anterior no implica una transición a la democracia multipartidista a corto plazo, pero la apertura económica forzará una ampliación del actual sistema de Poder Popular. Las oportunidades económicas y de emigración canalizaran parte de las energías en la dirección de los nuevos negocios y viajes, pero no será suficiente. Para mantenerse al timón del cambio económico y social, el partido comunista  tendrá que reformarse. La liberalización política probablemente comenzará en los niveles inferiores, permitiendo a los ciudadanos ventilar sus frustraciones a esa escala pero la presión subirá. Los limites de mandato a dos periodos y el retiro de las generaciones históricas impone un liderazgo menos personalizado y más institucional, promoviendo la movilidad hacia arriba de nuevos dirigentes de un modo ordenado.

Las presiones por cambios políticos sistémicos podrían aumentar en la medida en que la economía tome vigor.  Un mercado cubano dinámico abriría los apetitos empresariales estadounidenses y pondría en jaque al embargo estadounidense contra la isla. De terminar esa reliquia de la guerra fría, aumentarían  las demandas democratizadoras. En el próximo quinquenio, el reto central para los líderes cubanos es tener la audacia, la creatividad y la auto-confianza para acelerar la reforma económica, sin perder el control de la liberalización política.

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