RECONCILIACIÓN II

Por Alina Vargas
Recientemente comentaba mis impresiones sobre el curso que tomaban las acciones desde Florida, en pos de la reconciliación entre todos los cubanos, a la par que señalaba elementos claves que no podíamos obviar, si queríamos transitar con éxito hacia esta dirección. Sin embargo, las nuevas medidas migratorias, anunciadas ayer por el gobierno cubano; marca una nueva pauta en las relaciones entre Cuba y el llamado exilio que yo prefiero denominar como los emigrados cubanos. No hay dudas que estas medidas abren nuevas posibilidades para avanzar en el camino de la tan anhelada reconciliación y  nos obliga a reconsiderar nuestras  agendas de trabajo y preceptos  para lograr la normalización de las relaciones entre ambos países.
La reforma migratoria muestra (al menos así yo lo interpreto) la intención  del gobierno cubano de avanzar en la normalización de  las relaciones con su migración y  continuar avanzando en el proceso de transformaciones que tienen lugar en la Isla. Con esta reforma Raúl ha dado un paso importante para responder uno de los más importantes reclamos de los cubanos dentro y fuera de la isla.
En estos 53 años la problemática migratoria cubana ha sido politizada en exceso por ambas partes. En esto ha influido las acciones de los sectores más radicales del exilio y políticas hostiles del gobierno estadounidense hacia la Isla, y por otra parte las excesivas  limitaciones  implantadas por el régimen cubano. De manera que la familia  cubana ha navegado incómodamente  en estas circunstancias  impuestas por la historia y la política.

 
Aún cuando se mantienen las políticas de presión sobre la isla, en especial las asfixiantes leyes del embargo,  la Ley de Ajuste y un programa parole  para sus médicos, Cuba, en un gesto inusual,  que pudiéramos calificar de arriesgado a tenor de las anteriores razones, ha  dado vuelta a la página y abre una  puerta más para el reencuentro entre los cubanos.
Es cierto que aún se mantienen algunas regulaciones que limitan el libre movimiento de determinadas personas como los médicos.

El argumento del gobierno cubano para mantener estas restricciones es el programa de parole implantado por EEUU para promover la deserción de los médicos cubanos. Pese a esto, no podemos desestimar la importancia y el alcance de las medidas migratorias. En todo caso no perdemos nada, y ganamos mucho con dar el beneficio de la duda al gobierno de Castro.

Cuba ha dado un paso importante que anteponíamos para cualquier propuesta de flexibilización. Nos ha servido la mesa, el juego queda abierto en medio de elecciones, le toca ahora a Obama apostar sus mejores cartas.  Para empezar se pudiera pensar en suprimir totalmente el llamado programa de parole dirigido a promover la deserción de médicos y otros profesionales cubanos, y eliminar la llamada ley de ajuste (o al menos restringir esta opción a aquellos que necesiten protección de EEUU como reales perseguidos políticos). Al mismo tiempo las medidas migratorias cubanas hacen aún más anacrónicas y absurdas las actuales restricciones de viaje a Cuba de ciudadanos y residentes en EEUU.

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