RECONCILIACIÓN I

 Alina Vargas

                                                                                        

A finales de septiembre tuvo lugar en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami un encuentro de reconciliación entre cubanos, auspiciado por el Cuban Study Group,  con el objetivo de analizar como podrían aplicarse  en Cuba las experiencias de los procesos de paz de Irlanda y Sudáfrica.

 En el encuentro participaron alrededor de medio centenar de personas,  en su mayoría teólogos y sacerdotes, aunque también asistieron miembros de algunas de las organizaciones radicadas en Miami conocidas por el  radicalismo en sus puntos de vista sobre  Cuba.  Como principales ponentes  estuvieron los representantes de la embajada de Sudáfrica en EE.UU. y el parlamento irlandés, los teólogos Robert Schreiter y Roberto Goizueta y el arzobispo de Miami,  Thomas Wenski; quien estuvo a cargo de las palabras de apertura y clausura del evento.  Poco ha trascendido de un evento, que tratándose del tema de la reconciliación, interesa a los más de un millón de cubanos que viven en Florida.

 Es bueno, sin embargo,  que se anuncie un evento para la reconciliación, algo impensable hace una década atrás en que cualquier  intento dirigido a ese enfoque, estaría condenado y estigmatizado por los sectores que hasta hoy han dominado la agenda política de los cubanos en Miami. Para estos grupos, toda persona que se  atreva a hablar sobre la reconciliación, se le acusa de “dialoguero” o incluso de “agentes del castrismo”. Resulta difícil (y yo diría de hasta impensable), plantearnos un camino hacia la reconciliación entre los cubanos de fuera y los que han decidido permanecer en la isla; si los que vivimos de este lado del estrecho de la Florida no somos capaces de aceptar nuestras diferencias y  diversidad de opinión.

No obstante y aún con la carencia de  información factual que objetivice el análisis y solo por los trascendidos boca a boca tan común en el cubano, nos motiva a  algunos comentarios que nos ayuden a  pensar  en como construir la anhelada reconciliación.

Para empezar, me gustaría decir que aunque genéricamente hablando cualquier experiencia  pudiera ser válida, traspolar al caso Cuba las experiencias de Irlanda y de Sudáfrica  carece de fundamento y para no emborronar cuartillas, sería útil profundizar en la historia de esos dos referentes y  para los que hemos estado lejos de Cuba durante muchos años, o salieron desde principios de los 60, también convendría estudiar la de Cuba. Tanto de antes del 59 como la segunda  mitad del siglo XX.

Trascendió que  la mayoría de los análisis expuestos fueron poco objetivos y enajenados del contexto actual en Cuba. Ninguno de los ponentes se refirió al proceso de cambios que se desarrolla en la Isla, obviando totalmente la incidencia de la política exterior de Estados Unidos en el mismo y las implicaciones directas para la comunidad cubano-americana. Las reflexiones sujetas todas, a un antes y un después del régimen, plagadas de acusaciones, de condicionantes y  carentes de una visión introspectiva de lo que ha sido en todos estos años el exilio en Miami y el por que han fracasado en sus objetivos,  no dejaron espacio para avanzar en la construcción, sino de agendas, al menos  en la identificación de puntos que podrían  contribuir  a un eventual proceso de normalización de las relaciones.

No conocí que viejos  ¨disidentes¨  del exilio tradicional participaran, ni que representantes de las nuevas  generaciones  estuvieran presentes. De  manera que el sectarismo y  la descalificación  siguen  latente

Para la reconciliación es necesario evolucionar, no podemos seguir estancados en los 60. No podemos pretender un escenario diferente en las relaciones hasta tanto los puntos de partida y los actores continúan siendo los mismos, moviéndose ambiguamente hacia las metas. Es tiempo de que los cubano-americanos jóvenes o más recientemente llegados, incidan en el debate y tengan un rol más activo, está probado que la línea dura del exilio no va a llegar a ningún lado, llevamos más de 50 años y no han cambiado nada.

No podemos seguir jugando al papel de víctimas y tirando piedras a la otra orilla,  debemos analizar también los errores propios y trabajar para rectificarlos. Estamos ante una oportunidad única que no debemos desaprovechar, pero para que fructifique ese diálogo de reconciliación,  es necesario erigir un  ambiente de confianza, y la confianza no se construye con acosos y presiones.

Para  no desgastarnos en el  camino,  para no repetir errores  y para saber en que canasta ponemos los huevos,  cabría preguntar y responder, si el Cuba Study Group realmente está interesado en hallar de verdad un camino hacia la reconciliación. Si Saladrigas  y  Tomás Bilbao realmente están interesados en construir ese camino, tienen que  remontar  el pasado y  proyectarse al futuro.

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