Salvando al congresista Ryan

Los hispanos de EEUU y el candidato vicepresidencial republicano

Arturo López-Levy, Denver

El virtual candidato presidencial republicano Mitt Romney seleccionó a su compañero de fórmula electoral para noviembre. El escogido para la vicepresidencia es el congresista de Wisconsin, Paul Ryan, un político joven, articulado, y con el apoyo de la base conservadora del partido republicano.

La decisión expresa la visión del gobernador Romney sobre la campaña electoral norteamericana, y el futuro de su partido. En su discurso ante el Comité de Acción Política Conservador (CPAC)[1], Ryan tomó el reto del presidente Obama desde sus propias palabras: la elección no debe ser un referéndum sobre el presidente sino un contraste de visiones sobre el futuro de EEUU. Desde su libro Sin Disculpas, Romney aclaró que buscaría un mandato popular para una agenda conservadora tanto interna como de política exterior. Dada la coincidencia entre algunas de las políticas implementadas por el presidente Obama y Mitt Romney, cuando fue gobernador de Massachusetts (El plan de Salud, por ejemplo); el candidato republicano optó por escoger un compañero que refuerza el apoyo conservador y a la vez porta una visión a contrastar no solo con la gestión del Presidente sino también con la esperanza que ofrece para un segundo período.

La decisión de Romney tiene dos implicaciones para la proyección del partido republicano hacia el mundo hispano de EEUU: 1) Tras una primaria republicana donde los precandidatos hicieron todo lo imaginable para quemar los puentes con el electorado latino, Romney, quien incluso dijo que la solución para los más de doce millones de indocumentados es que se “autodeporten”, decidió no reparar el daño con un candidato hispano a la vicepresidencia. 2) El congresista Paul Ryan es uno de los políticos republicanos de más consistente voto en contra del embargo estadounidense a Cuba, desde que arribó a la Cámara de Representantes[2]. Romney considera que tiene la mayoría del electorado cubanoamericano de su lado, y que puede capear ese temporal.

En cuanto a la relación con el electorado latino, Romney ha decidido luchar sin improvisaciones, desde el firme tradicional republicano, blanco, anglo-sajón, y protestante. No es que Romney no quisiera un hispano en su fórmula, es que sus opciones eran muy riesgosas. El candidato republicano operó desde la premisa realista de que el electorado latino es lo suficiente sofisticado para no ser guiado a las tiendas republicanos solo por un apellido. Ni el senador Marco Rubio, de Florida, que aunque respaldó la ley anti-inmigrante de Arizona, ha tratado de reparar el daño apoyando un proyecto de ley que otorgaría una vía a la legalización de los niños indocumentados; ni la gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, muestra del éxito de la mujer latina conservadora, con una postura más flexible ante la emigración; eran candidatos probados. Martínez está en su primer término en Nuevo México. Rubio es risueño pero tiene varias tarjetas de crédito ardiendo y una historia familiar cada vez mas contradictoria.

Romney usará entonces lo que le queda para acercarse al electorado hispano: la convención en Tampa. Allí las opciones se reducen a tres: 1) el discurso de los candidatos a Presidente y Vicepresidente, 2) los espacios para prominentes latinos en la lista de oradores, 3) la plataforma electoral. En cuanto a la plataforma, el balance ideológico de fuerzas dentro del partido republicano impide un movimiento sustancial hacia una reforma migratoria integral, con soluciones para los millones de indocumentados. En cuanto a los discursos, Romney y Ryan deben cuidarse de resaltar el tópico. Sus posturas no son populares entre los electores de varios estados batalla dentro del colegio electoral como Colorado, Florida y Nuevo México.

Queda entonces ofrecer a algún orador hispano un lugar privilegiado bajo la carpa. Los sectores pro-reforma migratoria deben concentrarse entonces en el escrutinio de los oradores hispanos de la Convención, particularmente el Senador Rubio. Si los políticos republicanos hispanos quieren jugar el papel que les han dado, tendrán que alinearse con el mensaje de su candidato pero también expresar discrepancias con las tendencias del partido republicano que enajenan el voto de un segmento importante de sus constituyentes, en particular las posturas anti-reforma migratoria que lindan con el racismo.

Ryan y el voto cubano-americano de derecha

Las posturas del congresista Ryan hacia el embargo norteamericano contra Cuba no son un problema mayor para el candidato Romney. Si el embargo ha sobrevivido, a pesar de la oposición de casi el 70 % de los estadounidenses, es precisamente porque Cuba no es una prioridad de los votantes, ni de los intereses más poderosos. Cuando Ryan, en 2009, se preguntó: “Si vamos a tener comercio libre con China, ¿Por qué no con Cuba?”; solo repitió posiciones expresadas por todos los candidatos vicepresidenciales republicanos post-guerra fría. Esa fue la postura de Dick Chenney, que argumentó que “las sanciones unilaterales terminan perjudicando nuestras compañías y abriendo terreno a los competidores de otras naciones”. Esa fue también la postura de Jack Kemp, quien dijo: “Si queremos salir de Castro, abramos Cuba al fax, el email y el poder de la libre empresa”.

Pero la selección de Ryan tiene más consecuencias para la bandería pro-embargo que meramente dejar al Senador Rubio con el ramo de flores ante el altar. Al Senador se le ha descompuesto un calendario político que siempre lo favoreció. En 2016, no solo serán los comicios presidenciales, es su campaña de reelección al senado. Si quiere llegar más lejos que la cámara alta, Rubio tendrá que escoger. La presencia de Ryan en el ticket presidencial obligará a los partidarios del embargo contra Cuba, a hacer algunas acrobacias políticas que pueden afectar la credibilidad del candidato vicepresidencial. Además de las declaraciones y votos reiterados para levantar los límites al comercio y los viajes a Cuba, Ryan apoya la candidatura de Jeff Flake al Senado por Arizona. Flake es el político republicano más prominente en la oposición al embargo contra Cuba en el Congreso estadounidense.

Pero los partidarios del embargo no tienen muchas opciones: en los próximos días tendrán que alinearse con la candidatura de Romney. Ryan, contribuirá por acción u omisión, a repartir entre la prensa dócil el cuento de hadas de que fue “educado” en las últimas horas sobre Fidel Castro y las sanciones. Ryan, que es un político inteligente, sabe que el embargo no es una política seria pero lo más probable es que emule al gobernador Romney, buscando en google su posición de hoy, diferente a la de ayer, distinta a la de unos meses atrás.

Quizás no, quizás emule al soldado Ryan, del filme de Spielberg, y rechace el rescate, pues debe hacer lo que EEUU necesita. Al menos, como Dick Cheney hizo con Bush, puede decir que discrepa con el candidato presidencial en el tema. Sería más creíble.


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