Sandra Ramos en el país de los puentes posibles

OPINIONES

A propósito de la exposición Puentes: entre lejanías y cercanías llevadas a cabo, de Sandra Ramos, que puede verse en la 11na Bienal de La Habana

por Mabel Machado

Para su nueva exposición Puentes: entre lejanías y cercanías llevadas a cabo ―estrenada este 10 de mayo en el contexto de la 11na Bienal de La Habana―, Sandra Ramos, sin utilizar a Alicia como fetiche, pero en comunión ya ineludible con ella, aborda nuevamente los cismas y contradicciones que ha supuesto el proceso migratorio cubano hacia el exterior.

―¿Otra vez pensando? ―preguntó la duquesa, de nuevo recargándose en su hombro y lavándole la barbilla. ―¡Tengo todo el derecho de pensar! ―dijo enfáticamente Alicia, que ya empezaba a sentirse incómoda.

―Bueno, pues el mismo derecho tiene los cerdos a volar; y la mo…

Para sorpresa de Alicia, la voz de la duquesa se extinguió en mitad de su palabra favorita (que por supuesto era “moraleja”), y el brazo con el que la tomaba de la cintura comenzó a temblar; Alicia se sintió extrañada por aquella actitud y levantó la mirada, entonces se percató de que ahí, delante de ellas, se encontraba nada menos que la reina, con el ceño fruncido y con una expresión de auténtica furia.

Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll

 
En la habitación del Conejo Blanco, donde Alicia bebió sin permiso la poción que la hizo crecer otra vez, Sandra Ramos dejó una nota: “¿ya nunca seré mayor de lo que soy ahora? …de alguna manera, eso sería una ventaja, pues ya no me volveré vieja; pero entonces, ¿siempre seguiría siendo niña y tendría que estudiar mis lecciones?”. En lo adelante se le vería vestida con el uniforme escolar y la cara de Alicia, esbozando naufragios, horizontes, islas, fronteras, maletas y caminos ilusorios. Su nueva identidad, decía, comenzó a estar más a tono con la de su generación a partir de entonces.Sandra nació en Cuba en 1969. Al año siguiente de la muerte del Che. Un año antes de que se frustrara la zafra de los diez millones. Creció armando matrioshkas y recortando figuritas de Sputnik, pero cuando cumplió los veinte vio desplomarse el Muro de Berlín y desaparecer una por una las repúblicas de los soviets. Para la década del 90, los principios de la economía socialista que había estudiado entre las materias de la universidad, se empantanaron en la inopia del Período Especial.

La generación de Sandra se aupó entre la utopía y la pos-utopía. Muchos de sus contemporáneos se decidieron a construir su discurso artístico a partir del cuestionamiento de una realidad social y un proceso político indiscutiblemente atravesado por la crisis. Al aflorar en un período de cambios, los creadores ―irreverentes incluso en la reinterpretación de lo canónico y lo tradicional en el arte― sacaron a la palestra nuevos temas y nuevos códigos para expresarse.

El personaje de Alicia ―además de los muchos otros símbolos que conforman el escenario neobarroco de la obra de Sandra― representa la duda, la curiosidad y la interpelación permanente. La artista ha articulado la mayor parte de su creación alrededor del espinoso asunto de la emigración y el devenir de la diáspora cubana sin camuflar los dolores, sesgos y desencuentros provocados por las fatalidades geográficas e históricas y las voluntades políticas y personales que atraviesan el fenómeno.

Para su nueva exposición, que se estrenó este 10 de mayo en el contexto de la 11na Bienal de La Habana, Sandra Ramos, sin utilizar a Alicia como fetiche, pero en comunión ya ineludible con ella, planea abordar nuevamente los cismas y contradicciones que ha supuesto el proceso migratorio cubano hacia el exterior. Puentes: entre lejanías y cercanías llevadas a cabo no aparece de manera fortuita entre las acciones del evento, sino que ha sido madurada con toda intención por parte de la artista en un contexto donde se han anunciado posibles aperturas en las estrategias gubernativas concernientes al tema.

En alusión directa a la distancia que separa a la isla de Cuba de los EE.UU., la pieza “90 millas” invita al público a caminar sobre una pasarela de doce fotos colocadas sobre cajas de luz, que muestran imágenes del mar en un recorrido aéreo desde la Habana a Miami. “La idea ―explica Sandra― es que el espectador pueda caminar ilusoriamente sobre las aguas que unen los dos extremos de la geografía mental que han tensionado la identidad cubana durante los últimos 50 años”.

En el texto del catálogo, la curadora Corina Matamoros añade que se trata de “un puente para que fluyan corrientes en los dos sentidos. Un puente que mitigue la pesadumbre de los separados. Un puente que inaugure un camino. Una utopía marina, una factibilidad tecnológica, una voluntad política”.

Del mismo modo, “El punto cercano más lejano” representa la distancia geográfica entre el extremo más al Norte de la Isla y el punto más austral de la península de la Florida; en palabras de la artista: una corta lejanía física que se ha hecho demasiado larga en tiempo, comunicación, entendimiento, y posibilidades de desplazamiento normal entre los dos países y sus poblaciones. Esta instalación interactiva reproduce exactamente un monumento que indica los kilómetros que separan por mar a Cuba de Cayo Hueso, a donde los turistas y los emigrados acuden para rememorar las circunstancias del viaje. Al ubicar el monumento a uno y otro lado del estrecho, la artista apela a la necesidad de que se logre al fin un acercamiento efectivo entre ambos pueblos.

En este sentido Puentes… se emparenta con la exposición 1478 MB, que trajera hace unos meses a La Habana María Magdalena Campos Pons. La matancera, en la pieza homónima, proponía un recorrido desde su pueblo natal hasta su lugar de residencia actual, atravesando el desarraigo, la nostalgia y la esperanza del reencuentro.

Aunque trabaja desde la Isla y a pesar de que sus vivencias más intensas tienen que ver con una reconfiguración del espacio íntimo y emocional a partir de la soledad, la lejanía y la incomunicación, Ramos no pierde de vista la experiencia del sujeto que parte, por lo cual, más allá de los recursos formales empleados, su obra tiene otros aspectos en común con la de la de María Magdalena.

La memoria afectiva del emigrado encuentra representación en Puentes… por medio de piezas como “Horizontes”, una instalación lograda con la colaboración de los amigos de Sandra que residen en el extranjero. La artista utilizó sus pasaportes para llamar la atención sobre los azares de la travesía, el dolor de las despedidas y el olvido. Las aguas, el mar y el tiempo hacen que se desdibujen rostros y lugares, pero a la vez ―aunque no llegará a adjudicársele jamás capacidad curativa alguna para las cicatrices―, las aguas, el mar y el tiempo borran también los cuños y los límites que nunca tuvieron sentido.

Para Sandra Ramos lo verdaderamente significativo es aquello común a todos los hombres. Por eso, en otro acápite del trabajo con los pasaportes, usa el viaje como elemento que conecta en cierta medida las aspiraciones de una buena parte de los nacidos en la Isla. Los recuerdos transparentados sobre las hojas que indican las entradas y salidas a otros países solo forman parte de un itinerario en el que Cuba siempre será determinante.

Con “Miedo secreto”, una serie de serigrafías manipuladas a través del collage, la artista se declara testigo de las partidas, los desengaños, las fracturas espirituales, los rencores y la postergación de la esperanza. Los ojos que se repiten en cada cuadro representan la vía primaria de comunicación entre la mente y el mundo exterior, “el canal a través del cual penetra de inmediato el mundo a nuestro cerebro y a partir del cual comenzamos a formarnos nuestra imagen individual del mundo en que vivimos”, aclara Sandra.

Mientras que a través de la instalación, la artista aborda tópicos de la realidad cubana a partir de una visión más general, el trabajo en esta serie le permite un acercamiento más personal al epicentro temático de esta muestra y de las dos últimas décadas de su carrera.

Los puentes de Sandra Ramos, uniendo el vértice de las miradas o soportando pasos sobre el mar, no piden visa para tenderse en las aguas del agudísimo debate sobre la emigración. Los ha armado vestida de uniforme y con cara de Alicia, como lo han hecho también otros artistas de su generación. Los puentes de Sandra son posibles, como es posible el diálogo y la aproximación entre los seres humanos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s